“Pensando (un poco) en bienestar, gobierno y lo probable”

14/05/2021

Por María Lucia Sampayo[1]

El bienestar, palabra trillada si las hay, parece introducirnos a un horizonte final, o tal vez en un acontecer tanto a nivel social y colectivo, como individual (incluso en términos publicitarios, una conocida marca de productos cosméticos la evoca en su eslogan). Pero en términos concretos e históricos fue la forma que en democracia se gestionó (y gestiona) el gobierno en momentos de crisis, faltantes y ausencias. Así, cómo no pensar en Keynes[2], y su propuesta de un intervencionismo estatal, presentando a la política económica como la herramienta adecuada para salir de aprietos diversos en ese ámbito, con repercusiones en la vida política, social y cultural. Precisamente, su propuesta consistía en aumentar el gasto público para estimular la demanda agregada y así aumentar la producción, la inversión y el empleo. Vale recordar que esta moción sería retomada con diferencias en su aplicación, aunque con características generales identificables en distintos países alrededor del mundo.

Ahora bien, si efectivamente resultan innegables los logros observados con tal plataforma económica, como respuesta de gestión y transformación de la problemática en recursos institucionales cuando todo parecía colapsar, ¿a qué se deberían las resistencias que emergen, resurgen y se expresan en los sentidos circulantes en diferentes momentos históricos frente a la decisión de implementar un Estado activo, fuerte y protagonista? ¿Por qué el término bienestar, cuya polisemia lo ubica y acepta en cualquier ámbito de la vida, se lo vilipendia en la política y el ejercicio de gobierno ante los resultados observados históricamente?

Estos son interrogantes complejos por demás, que no creemos poder contestar en el presente artículo, ya que interpelarían sentidos de larga data, solo abordables mediante propuestas investigativas de mayor profundidad y alcance. No obstante, sí son cuestiones de interés y peso que se vinculan con otras que sí son alcanzables en el mismo.

Entonces, ¿qué sería el bienestar?

Tal vez, para continuar la reflexión convenga esbozar una apreciación sobre lo que entendemos por bienestar en el campo de lo político y la gestión. Este, resumiendo en pocas palabras, hace referencia a la calidad de vida a través de la gestión de recursos frente a las desigualdades sociales, resolviendo el conflicto distributivo y expandiendo ciudadanía social; asegurando derechos y garantías sociales en educación, trabajo, salud, alimentación, vivienda, etc.

Seguidamente, resulta interesante retomar a Luhmann[3], quien en estos temas se preguntaría por lo probable en el campo de lo improbable, o directamente, ¿es posible lo imposible?

Frente a esto, se puede tender a pensar en matices sobre lo factible y evidenciable; en la posibilidad de pensar en soluciones o intenciones de soluciones frente a problemas estructurales o contigentes -pensando que la contingencia siempre puede ser más agresiva frente a las limitaciones de base-. En este sentido, cotidianamente no sólo desde el Estado se da la capacidad de agencia en contextos de pobreza o carencias. Es más, frente a la ausencia estatal, la sociedad civil suele autogestionarse los recursos de manera organizada, reconocidas experiencias de educación autogestiva, como los bachilleratos populares, o el proyecto pedagógico del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE).

Esto, sin lugar a dudas es una forma de proveerse de bienestar. Sobre ello, Esping Andersen[4] postularía que efectivamente hay distintas esferas de la estructura social que proveen bienestar (Estado, mercado, sociedad y familia), de hecho, el mismo Estado lo acepta y lo homologa. Tal vez se naturalice esta homologación, pero desde la acción de gobierno es esperable un co-gobierno (o gobernanza) dentro de ciertos márgenes de gobernabilidad, ergo, es esperable que, ante desigualdades en territorio, emerjan actores que ante distintos intereses y recursos, afronten el problema y desarrollen los medios concretos con miras a transformar su situación apremiante. De esta manera, se autoadjudican responsabilidades primero, pudiendo secuencialmente reconocer desde la arena estatal ello, por lo que culmina trasladando esas tareas a estos actores e instituciones foráneos a ella.

Entonces, con objetivos de distinta índole, podemos ver al mercado que se organiza y ofrece alternativas, o las familias y la sociedad civil organizada autogestionándose en escenarios, por supuesto por momentos no ajenos al conflicto.

¿Qué hace el Estado frente a esto?

Pero, vale preguntarnos, por el rol del Estado frente a ello, más allá de la homologación y el acompasamiento de los movimientos del mercado y la sociedad civil, porque, como ya mencionamos, hay márgenes para esa gestión mixta. Así, caemos frente a una verdad que puede sonar de Perogrullo, pero verdad al fin: ante la premisa de la importancia de un Estado activo, existen obligaciones indelegables, y por más que una gran cantidad de responsabilidades pueden ser redirigidas, otras recaen, en mayor o menor medida, siempre en el Estado. Y son tales los vaivenes de sentidos que circulan –muchos afines y funcionales a la derecha, con los ya conocidos intereses concentrados en torno al mercado y, por supuesto al modelo que lo habilita, el liberalismo y neoliberalismo-, impulsados desde los medios de comunicación, los cuales apelan a cuestionar la legitimidad de gobiernos que apuntan a la redistribución, y problematizan la obediencia (logrando por momentos erosionar la capacidad de acción y decisión de esa gestión), más cuando la situación es apremiante, la demanda y exigibilidad de la ciudadanía siempre termina recayendo en el gobierno.

Entonces, suele pensarse al Estado de Bienestar como algo que ya aconteció, incluso algo caduco y vetusto, pero, a decir verdad, cada vez que se gestiona en pos de asegurar derechos a la ciudadanía y mejorar su calidad de vida ante situaciones apremiantes, se está gestionando en pos del bienestar; y esto, como vimos, no sería patria potestad estatal exclusivamente, pero sí mayoritariamente. Esto es probable y, de hecho, es evidenciable. Es más, en la medida en que se gestiona por fuera del Estado con miras a mejorar situaciones ante desequilibrios distributivos, esa labor puede adquirir visibilidad y, por ende, entidad. Por lo que esa iniciativa se reconocería, con posibilidad de conformarse agenda pública (primero) y de gobierno (luego). En esta línea, lo probable sería materia de lo trascendible, pudiendo postularse como acción de gobierno y política pública, reforzando el rol del Estado, en línea con un bienestar general y un desarrollo nacional.

[1] Licenciada en Sociología, Magister en Políticas Sociales.

[2]Célebre economista británico que postuló una nueva consideración respecto a la macroeconomía y cuya propuesta versaba en la importancia del pleno empleo, con preponderancia del gasto público para cubrir el déficit de la demanda agregada.

[3] Sociólogo alemán reconocido por su formulación de la Teoría General de los Sistemas Sociales.

[4] Sociólogo danés, cuyo campo de estudio se ubica en tono al Estado de Bienestar en las economías capitalistas.

Inversión en Infraestructura para el Desarrollo “con características chinas” 

06/05/2021

Por
 Mariano Baladron
 

Desde hace un tiempo la República Popular China viene ofreciendo un encuadre mundial alternativo y complementario al liberal surgido en la segunda posguerra: la globalización “con características chinas”, término usado por la propia China y en la literatura sobre China desde la época de Deng Xiaoping[1]. Si bien no es el centro de este artículo, diremos algunas cosas a modo de contexto relevante antes de pasar a analizar las dos iniciativas chinas en materia de infraestructura y desarrollo: La Nueva Ruta de la Seda y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.

La estrategia de relacionamiento externo china

En su discurso durante la III Sesión Plenaria del XI Congreso del Comité Central del Partido Comunista de China en 1978, momento en que Deng Xiaoping asume el control total del poder, éste pronunció un discurso en el que sentó las bases de la política china y que luego fue profundizado en la obra “Construyendo el socialismo con características chinas” (Giuffré 2005).

En sus comienzos, se utilizaba para explicar la aparente contradicción entre el sistema comunista chino y las medidas económicas del período de Reforma y Apertura. En la actualidad el término fue mutando y es la economista Ramón-Berjano (2018) quien lo define como el nuevo rol del gigante asiático en el mundo, con mayor protagonismo por parte de este país, en un contexto de crisis del multilateralismo. Desde fines del siglo pasado, el centro económico y geopolítico global viene desplazándose desde el Atlántico Norte hacia la región de Asia Pacífico, lo que produce una nueva configuración del equilibrio de poder en el escenario internacional. En este proceso China ha jugado un rol central.

La cosmovisión china hunde sus raíces en su historia milenaria y se refuerza con las tendencias del confucianismo, el marxismo y el maoísmo de darle fundamento a la política a partir de principios históricos de largo alcance. Así, la visión china del mundo se compone de cuatro temas centrales: la centralidad de este país en el orden internacional (en idioma chino la palabra “China” se traduce literalmente como “país del centro”, Zhongguo en pinyin); la necesidad de preservar su esencia cultural (la incorporación de técnicas militares occidentales, la modernización de la fuerzas armadas y la creación de instituciones de la administración pública y la diplomacia moderna son procesos simultáneos, por esto surge la necesidad de que el proceso no socave la esencia china); el pasado de humillaciones en manos de las potencias invasoras (según la interpretación del Partido Comunista Chino, el siglo oprobioso que inicia con la Primera Guerra del Opio en 1839 y el establecimiento de la República Popular China en 1949, en el que el país fue reducido a una semi colonia por parte de las potencias, lo que marca su carácter anti imperial en el imaginario colectivo) y el orgullo nacional (consecuencia del recuerdo de grandeza del pasado y la rabia por el siglo de humillaciones). Estos temas conforman su concepción internacional, caracterizada por el sentimiento de unicidad de su civilización y el lugar central que se le debería reconocer en el plano internacional (Malena 2010).

En este contexto, el gigante asiático ha impulsado distintas iniciativas tendientes a fortalecer su condición hegemónica en su zona de influencia y en el resto del globo. Entre las propuestas en este sentido, dos merecen especial consideración: la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda del siglo XXI[2] y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras[3].

La Nueva Ruta de la Seda

Visto en profundidad, el proyecto de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda es el proyecto chino de construcción hegemónica frente a un orden mundial en crisis orgánica.

Siguiendo los desarrollos de Ramón-Berjano (2018), vemos que la Iniciativa de la Ruta de la Seda tiene el potencial de ser el instrumento mediante el cual el gigante asiático cristalice su propuesta global con características chinas, en función del reemplazo del multilateralismo en declive.

La Iniciativa de la Ruta de la Seda (BRI) se trataba en sus comienzos de un corredor terrestre y uno marítimo. Luego se fue ampliando a seis corredores terrestres y uno marítimo[4], aunque su alcance es verdaderamente global. Originalmente fue pensada como una forma de balancear la presencia de Estados Unidos en Europa, a la vez que favorecía el desarrollo de las zonas del oeste chino (Ramón-Berjano 2018). Este proyecto reagrupa dos iniciativas: una de base territorial, el Cinturón Económico de la Ruta de la Seda –Silk Road Economic Belt– y la otra de base marítima, la Ruta de la Seda marítima del siglo XXI –21st Century Maritime Silk Road– (Kratz 2015).

Este mega proyecto se inspira en la Ruta de la Seda que, 2300 años antes, permitió el comercio entre los dos polos del continente euroasiático y, al igual que en aquél entonces, tiene el potencial de renovar el comercio, la industria y la cultura. La Ruta de la Seda del siglo XXI constituye un factor de cambio geopolítico fundamental, alterando el statu quo. Esbozada en septiembre de 2013 y presentada oficialmente en marzo de 2015 por Xi Jinping, la estrategia de política exterior (y doméstica) expresada en la BRI se basa en una red integrada de infraestructuras varias de vías férreas, portuarias, aéreas y de telecomunicaciones (Vidales García 2016). Esta iniciativa, en conjunto, aspira a afianzar vínculos económicos con países de Asia, Europa, África y América Latina y el Caribe. La pretensión consiste en vincular más de setenta países donde viven más de cuatro mil millones de personas. Tal como lo expresa Lee (2016), es un plan que tiene tres grandes objetivos a largo plazo: el primero es el desarrollo de infraestructura regional, el segundo la exportación de excedentes de producción, y el tercero una mejor posición China en lo que atañe a relaciones comerciales internacionales. Potencialmente este proyecto abarcará el 55% del PBI global, el 70% de la población del planeta y el 75% de las reservas energéticas y está previsto que su máximo potencial se alcance para 2049, centenario de la República Popular China (Kratz 2015).

El gobierno chino sostiene que la meta es promover la conectividad entre Asia, Europa y África y sus mares adyacentes a fin de establecer y fortalecer las alianzas a lo largo de estos corredores geográficos para fomentar un desarrollo sostenible, independiente y equilibrado entre estas naciones. Aunque el proyecto se encuentra en desarrollo, varios países de nuestra región han anunciado su adhesión, entre los que se destacan Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Guyana, Surinam, Uruguay, Venezuela, entre otros.

Entre los propósitos de la conectividad se mencionan: contribuir a alinear y coordinar estrategias de desarrollo de los países involucrados, impulsar el mercado de la región, promover la inversión y el consumo, crear demanda y oportunidad de empleo, mejorar el nivel de vida, fomentar los intercambios culturales y el aprendizaje entre los pueblos (Valderrey Villar y Lemus Delgado 2017). Esta ruta, además, como manifiesta Olier (2016) aumenta la importancia geopolítica de la zona. No obstante, el plan no se restringe a redes físicas y vínculos materiales, sino que se proyecta a otros ámbitos e incluye otras propuestas como: impulsar la comprensión, confianza y respeto en pos de armonía, paz y prosperidad desde el compromiso chino de asumir más responsabilidades y obligaciones en el plano internacional y realizar mayores contribuciones a la paz y al desarrollo.

En el Foro Económico de Davos de 2017, el presidente Xi Jinping hizo alusión a los aspectos positivos de la globalización y habló de la necesidad de adoptar medidas eficaces y reformas estructurales para establecer una gobernanza equitativa y construir nuevos modelos de crecimiento (Belt & Road News 2019).

Conforme expresa Cornejo (2018) la iniciativa BRI podría ser una consecuencia natural del desarrollo socioeconómico y científico que vivió China en las últimas décadas. En sus tiempos iniciales pudo ser un proyecto pequeño e incluso impreciso, pero fue ganando solidez en una instancia en que el ambiente global se tornó favorable durante la presidencia de Donald Trump y su tendencia a “América first”, nacionalismo económico y rechazo de acuerdos multilaterales en la que se vio sumida Estados Unidos. Esto subraya la antítesis entre la oferta de cooperación global de Xi Jinping y el aislacionismo de Estados Unidos durante la presidencia de Trump. Esta tendencia estadounidense, sin embargo, viene siendo revisada desde la asunción de Joe Biden.

Para 2027, China debería haber invertido 1,3 mil de millones de dólares: parte de esta cifra alcanza y alcanzaría en el futuro a América Latina, por lo que las elites gobernantes de la región se encuentran ante el desafío histórico de diseñar una estrategia contra el rezago histórico y la pobreza en un marco de gobiernos transparentes y cuidado del medioambiente.

En este sentido, coincidimos con la perspectiva de Malena (2018) sobre que los propósitos de la Nueva Ruta de la Seda coinciden con el proceso de integración de infraestructura que está viviendo América del Sur. Es por esto que se vislumbra como conveniente, aunque debe sugerirse que las autoridades nacionales exijan el cumplimiento del principio de reciprocidad por el cual las empresas extranjeras deben asociarse con las locales en proyectos a gran escala.

A la par del crecimiento de China, también se produjo una importante exportación de Brasil a ese país, lo que condujo a Beijing a reforzar relaciones con los países latinoamericanos. La Iniciativa Ruta de la Seda potencia estas relaciones de tres maneras: China forja nuevos mercados y exporta su modelo de expansión estatal; China construye infraestructura como herramienta diplomática y amplía las invitaciones a más países sudamericanos a unirse al Banco Asiático de Inversiones e Infraestructura; por último, China extiende la BRI a las Américas y ayuda a mejorar la conectividad entre la región y el mundo mediante proyectos como el cable de fibra óptica transpacífico desde China a Chile (Hsiang 2018).

En una mirada más amplia sobre el gigante asiático, observamos que la ruptura de las cadenas del pasado que encabezó el presidente Xi Jinping implicó un proceso que justamente no se restringió a lo económico, sino que, por su magnitud, impactó en todos los órdenes del pensamiento. Es en sus rasgos milenarios donde China construye el poder blando que proyecta en su política exterior, estos recursos culturales que, a criterio de Alvisa Barroso (2018) crearán un contexto internacional inclusivo.

Así, diecinueve países de América Latina y el Caribe firmaron acuerdos de cooperación con China, que tienden al desarrollo económico y social local con beneficios tangibles para la población latinoamericana (Belt & Road News 2019).

El proteccionismo norteamericano, choca con los intereses de los países de América Latina y el Caribe que necesitan colocar sus productos y esto pone a la región del Asia Pacífico en la mira y la Iniciativa de la Ruta de la Seda solo agiliza estos procesos (Girado 2018). A su vez, China enfrenta el fantasma de ser considerada invasiva o unidireccional. Será entonces un tiempo en que gobiernos, empresarios y hombres de negocios en general y las sociedades de la región deban comprender las motivaciones y estrategias chinas mientras que las empresas chinas deberán hacer lo propio con el contexto y las oportunidades disponibles en esta zona del planeta, en un estricto cuidado del medio ambiente y en función de las leyes que protegen la relación laboral.

El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras

Por su parte, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura es un banco de desarrollo multilateral con sede en Beijing creado en 2016 bajo el impulso chino que se enfocaba originalmente en el desarrollo de Asia, aunque en la actualidad cuenta con miembros en todo el mundo. Está dedicado a inversiones en infraestructura y otros sectores productivos que buscan fomentar el desarrollo económico sostenible, crear riqueza y mejorar la conectividad de la infraestructura a nivel global.

Entre miembros regionales y no regionales, el banco cuenta con 86 socios, siendo Argentina el socio más reciente, incorporado oficialmente el 30 de marzo de 2021. Otra docena de países se cuenta entre los miembros potenciales.

Así, nuestro país se suma a Ecuador y Uruguay, los otros miembros de la región, aunque Bolivia, Chile, Perú, Venezuela y Brasil se encuentran en negociaciones para su ingreso.

La de creación del BAII tiene que ver con la necesidad china de crear una nueva arquitectura financiera multilateral que responda a una lógica distinta a la que gobierna tras los Acuerdos de Bretton Woods de la segunda posguerra, en función de su estrategia de construcción hegemónica.

La Junta Directiva del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura aprobó en septiembre de 2020 la primera Estrategia Corporativa del Banco para el período 2021-2030. Allí se define su Misión en los siguientes términos: “Financiar la infraestructura para el mañana”, que combina el firme compromiso del Banco con la sostenibilidad con un claro enfoque operativo en (1) Infraestructura verde, (2) Conectividad y cooperación regional, (3) Infraestructura habilitada por tecnología y (4) Movilización de capital privado. Establece objetivos sobre financiación climática para 2025 y conectividad transfronteriza y financiación del sector privado para 2030.

Reflexiones finales

El mundo contemporáneo responde al esquema desarrollado por los países vencedores de la Segunda Guerra Mundial. La arquitectura económica y financiera que le dio forma surgió como resultado de los Acuerdos de Bretton Woods, y sobre ella se imprimió el actual sistema de protección de los derechos humanos y luego los tratados de integración entre países.

Con la disolución de la Unión Soviética el mundo pasó por un momento unipolar que, producto del crecimiento económico y del modo en que han sorteado la crisis financiera iniciada en 2008, viene siendo disputado por países emergentes, principalmente China. A la vez, desde el punto de vista de los flujos comerciales, el eje transatlántico viene perdiendo dinamismo en manos del eje transpacífico. Se observa así un declive estadounidense en su función de dirección económica y cultural del mundo (crisis orgánica o crisis de hegemonía).

De manera paralela, la República Popular China, desde Deng en adelante, viene “aprendiendo” de y sobre occidente, al mismo tiempo que busca mayor representatividad en los espacios de gobernanza global. Éste último aspecto es especialmente visible desde la asunción de Xi.

Por ello, la conjunción de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura no puede ser vista sólo como un proyecto de construcción de infraestructura, sino como una apuesta en términos del juego geopolítico. En esto, América Latina y el Caribe están ante una oportunidad histórica en relación al financiamiento para el desarrollo. La contracara es que Estados Unidos, luego de atender otras geografías, vuelve la atención sobre lo que considera su patio trasero y sus recursos estratégicos (litio y otros minerales, hidrocarburos, agua).

No es casual que con la asunción de Joe Biden nuestro país haya recibido las visitas del Jefe del Comando Sur, el almirante Craig Faller, entre el 7 y el 9 de abril pasados en el marco de una gira que también incluyó a Uruguay; y de Juan González Román, Director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional entre el 13 y 14 del mismo mes, con una comitiva que incluyó a Julie Chung, Subsecretaria Interina para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, MaryKay Carlson, la Encargada de Negocios y Chris Andino, el ministro Consejero Interino, en una gira que también incluyó a Colombia y Uruguay.

Referencias bibliográficas

Alvisa Barroso, M. (2018) “El poder blando chino en América Latina, su impacto en el marco del Proyecto de la Ruta de la Seda del siglo XXI”, en Serbin, A. (editor) América Latina y el Caribe frente a un Nuevo Orden Mundial: Poder, globalización y respuestas regionales, Barcelona: Icaria Editorial – Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales.

“China Latam cooperation for common prosperity” (13 de noviembre de 2019). Belt & Road News. Disponible en: https://www.beltandroad.news/2019/11/13/china-latam-cooperation-for-common-prosperity/

Girado, G. (2018). “El despliegue transcontinental de la iniciativa china. El caso latinoamericano”, en Serbin, A. (editor) América Latina y el Caribe frente a un Nuevo Orden Mundial: Poder, globalización y respuestas regionales, Barcelona: Icaria Editorial – Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales.

Giuffré, M. (2005), “El Consenso de Beijing como alternativa al Consenso de Washington”, paper presentado en las Jornadas Transoxiana – Estudios Asiáticos, Universidad del Salvador.

Hsiang, A. (6 de diciembre de 2019). China: Argentina’s Last Resort. The Diplomat. Disponible en: https://thediplomat.com/2019/12/china-argentinas-last-resort/

Kratz, A. (2015), “Retórica y estrategias de la nueva Ruta de la Seda”, Estudios de Política Exterior, septiembre – octubre.

Lee, D. (18 de agosto de 2016). One belt, one road not ‘by china, for china’. The Business Times.

Malena, J. (2010), China: la construcción de un país grande, Buenos Aires: Céfiro.

Malena, J. (2018). “Cooperación entre China y América Latina dentro de la iniciativa ampliada Una Franja, Un Camino. Estudio sobre la infraestructura ferroviaria”, en Serbin, A. (editor) América Latina y el Caribe frente a un Nuevo Orden Mundial: Poder, globalización y respuestas regionales, Barcelona: Icaria Editorial – Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales.

Olier, E. (2016). Los Ejes del Poder Económico. Madrid: Pearson.

Ramón-Berjano, C. (2018), “La Iniciativa de la Ruta de la Seda: crisis del multilateralismo y globalización con ‘características chinas´”, en Vaca Narvaja, Sabino (editor) y Zou Zhan (co-editor), China, América Latina y la geopolítica de la Nueva Ruta de la Seda, Remedios de Escalada, Ediciones de la UNLA.

Valderrey Villar, F. y Lemus Delgado, D. (2017). “La nueva ruta de la seda y la diplomacia internacional de negocios”, en Comillas Journal of International Relations, nº 10, pp. 47-64.

Vidales García, A. (2016), “La nueva ruta de la seda y el resurgimiento geopolítico de China”, Instituto Español de Estudios Estratégicos – Documento de Opinión.

[1] La política exterior china desarrollada por Deng se caracterizó por el pragmatismo y estuvo basada en los cinco principios de coexistencia pacífica: respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial, no agresión mutua, no interferencia en los asuntos internos de otros países, igualdad y beneficio mutuo, y coexistencia pacífica. Esta línea de relacionamiento exterior fue continuada durante las presidencias de Jiang Zemin y Hu Jintao (Vidales García 2016).

[2] BRI son sus siglas en inglés, también conocida como One Belt, One Road –OBOR–, en su formulación original.

[3] AIIB son sus siglas en inglés.

[4] Los seis corredores terrestres son: 1. China – Mongolia – Rusia, 2. Euroasiático, 3. China – Asia central – Asia occidental, 4. China – Península de Indochina, 5. China – Pakistán y 6. Bangladesh – China – India – Myanmar. El corredor marítimo une las costas chinas con Europa a través del mar del sur de china, el océano Índico, el golfo Pérsico, el Canal de Suez y el mar Mediterráneo.

Disquisiciones sobre la nueva, vieja nueva ley de movilidad jubilatoria y su poder adquisitivo en dolares

22/01/2021

Resumen histórico y contextual

A fines de diciembre pasado, se aprobó la nueva ley de movilidad jubilatoria. La misma viene a reemplazar a la aprobada a fines del 2017 durante el imperio del macrismo en la República Argentina.

Desde diversos sectores incluyendo varios del peronismo se hizo hincapié en tiempos recientes, que la nueva movilidad aprobada será perjudicial para los jubilados que perderán poder adquisitivo, o bien, capacidad de recuperación del mismo respecto del que les brinda la movilidad jubilatoria imperante entre inicios del 2018 y la actualidad.

Haciendo un repaso de la historia más o menos reciente de la evolución de la jubilación mínima, podemos distinguir seis periodos que nos interesa destacar:

1.- El periodo de vigencia de la ley de convertibilidad donde la jubilación mínima estuvo congelada en 150 pesos / dólares en la mayor parte del periodo.

2.- El periodo de turbulencia entre diciembre del 2001 y diciembre del 2003, donde dados corralito, corralón, declaración de default y devaluación, el tipo de cambio se acomoda en 3$/U$S quedando la jubilación mínima estabilizada en unos 50 dólares.

3.- El periodo 2003-2008 donde mediante aumentos por decreto la jubilación mínima sube leve, pero sistemáticamente su poder adquisitivo medido en dólares en todos los años.

4.- El periodo de vigencia de la ley de movilidad jubilatoria (idéntica a la aprobada estos últimos días de diciembre del 2020, pero con solo dos actualizaciones anuales); esta fórmula estuvo vigente desde octubre del 2008 que fue aprobada hasta diciembre del 2017.

5.-El periodo de vigencia de la movilidad jubilatoria del macrismo aprobada a fines del 2017 en el marco de la denominada reparación histórica con actualización por inflación.

6.- Inicio del periodo de la nueva movilidad jubilatoria de igual formula de actualización que la que estuvo vigente entre octubre del 2008 y diciembre del 2017 pero con actualización trimestral.

Seria arriesgado o cuanto menos intrépido predecir qué ocurrirá en el futuro, no obstante, la jubilación según la formula surgida de la denominada reparación histórica como la ley de movilidad jubilatoria de kirchnerismo ya dieron resultados en el pasado con información de la que disponemos y que nos permite analizar esos resultados.

Aclaración metodológica:

Se pretende analizar mediante diferentes métodos la evolución del poder adquisitivo de la jubilación mínima en diferentes momentos en que haya imperado o estado vigente tanto la fórmula de la movilidad jubilatoria del kirchnerismo como la del macrismo (no simultáneamente). Entendemos que ciertos sectores sociales tienen cierto resquemor a la información surgida de ámbitos afines al Peronismo-kirchnerismo, por ende, para el presente análisis se utilizará información proveniente de organismos oficiales de la época del kirchnerismo cuya información histórica no haya sido cuestionada al asumir la administración macrista como ser BCRA, ANSES, etc. Se utilizará también, información de medios que por posición histórica siempre fueron opositores a cualquier gobierno peronista-kirchnerista. A su vez, también se considerará la información del indec post reestructuración macrista, es decir desde julio del 2016 que es cuando comienza a publicar sus nuevos informes.

Evolución de la jubilación mínima medida en dólares

En el presente trabajo se tiene claro que Argentina debería bregar por tener una moneda fuerte en la que se realicen la mayoría de las transacciones económicas; no obstante, resulta claro darse cuenta que las sucesivas crisis económicas que por diversos motivos se resuelven mediante devaluaciones generando lo que algunos economistas denominan violencia monetaria[i], dan como resultado que el peso no pueda cumplir acabadamente una de las principales funciones del dinero fiduciario que es, ser reserva de valor. A los fines del presente se graficará la evolución de la jubilación mínima medida en dólares en tanto y en cuanto el dólar resulta más estable que el peso en cuanto a su capacidad de preservar poder adquisitivo (al menos por ahora).

El cálculo de la jubilación mínima (JM) medida en dólares resulta sencillo, solo se debe dividir el valor de la misma en cada periodo por el tipo de cambio de ese periodo. A los fines del presente se consideró como tipo de cambio de cada mes, el promedio entre el tipo de cambio del primer y del último día hábil de cada mes.

Para ejemplificar, el tipo de cambio del primer día hábil de agosto del 2011 fue de fue de 4,17$/U$S (01/08/2011), y el del último día hábil del mes (31-08-2011) fue de 4,24 $/U$S dando como resultado el promedio, un tipo de cambio de 4,205 $U$S[ii].

Los valores de la jubilación mínima considerados fueron los siguientes:

Para el periodo marzo del 2009 ($770,66) a junio del 2019 ($11.528,44)[iii]. En la fuente citada se puede ver toda la evolución dentro de ese periodo.

Nos permitimos mencionar como referencias dentro del periodo anterior diciembre del 2015 ($4.299,06) por ser la jubilación mínima vigente al finalizar el gobierno de Cristina Fernandez y previo a la devaluación del recién asumido ministro de economía Prat Gay, y, diciembre del 2017 ($7.246,64) por ser la última jubilación mínima antes de la entrada en vigencia de la fórmula de actualización de la denominada reparación histórica. En la fuente referenciada se puede ver la serie con los aumentos semestrales.

En el cuadro de anses citado se termina la serie en junio del 2019, no obstante, a continuación mencionaremos los aumentos subsiguientes a ese periodo tomados de algunas de las fuentes según los criterios mencionados en la aclaración metodológica anterior:

En septiembre del 2019, la jubilación mínima subió de $11.528,49 a $12.937,22.

En diciembre del 2019 la mínima se elevó de $12.937,22 a $14.067,93.

En marzo del 2020 la jubilación mínima aumento de $14.067,93 a $15.694.

En junio del 2020 la actualización de la Jubilación mínima la elevo desde los $15.694 a $16.864.

En septiembre del 2020 el aumento fue de $15.694 a $18.129.

Por último la actualización de diciembre del 2020 fue desde los $18.129 a $19.035.

A continuación, puede verse el grafico 1 que permite observar la evolución de la jubilación mínima medida en dólares para el periodo junio del 2010 a diciembre del 2020.

Del grafico precedente interesa sacar algunas conclusiones:

a.- Entre junio del 2010 y diciembre del 2015 la tendencia de la jubilación mínima fue al alza con la excepción de enero del 2014 donde el gobierno nacional convalida para (¿aplacar a los “mercados”?) la devaluación de un 20% que se da producto de movidas especulativas encabezadas por la petrolera Shell en el mercado único de cambios.

b.- Los derrumbes que se dan en la jubilación mínima medida en dólares fruto de las devaluaciones (enero del 2014; diciembre-enero del 2016; abril-septiembre del 2018; julio-agosto 2019), tendieron a una rápida recuperación en el imperio de la movilidad jubilatoria (enero del 2014 y diciembre enero del 2016) mientras que no lo hicieron mientras imperó la reparación histórica (abril-septiembre del 2018; julio-agosto 2019).

c.- Si analizamos cada ciclo semestral posible en el periodo de vigencia de la movilidad jubilatoria aprobada en 2008, la caída de la jubilación mínima medida en dólares que sigue a un aumento determinado a lo largo de 6 meses es inferior al aumento que recibió al inicio de ese ciclo y eso configura una tendencia al alza acumulada de la JM medida en dólares. El grafico en esos periodos adquiere una forma del tipo diente de sierra creciente.

Para ejemplificar: En febrero del 2011 la JM era de U$S258,38, al mes siguiente con el aumento correspondiente a marzo la misma se eleva a U$S301,67. Luego de ello durante los 5 meses siguiente se da una perdida mensual sistemática fruto de que el tipo de cambio se actualiza mensualmente, pero la JM semestralmente, posicionándose la JM en agosto del 2011en un piso de U$S291,98. Luego de ello en septiembre se da el siguiente aumento a U$S337,48, para luego caer durante 5 meses hasta U$S327,46.

El piso de U$S291,98 es superior al piso anterior de U$S258,38, de igual forma que el piso de U$S327 es superior al de U$S291,98.

Esto configura como se mencionó una tendencia al alza que puede verse también en la línea de tendencia que cualquier planilla de cálculo permite presentar (pendiente positiva en la fórmula de la función).

A continuación, se ve en el grafico 2 para el periodo junio 2010 a diciembre de 2015, la misma variable del grafico 1 pero solo para el periodo mencionado.

Es de destacar que en el periodo enero del 2016 a diciembre del 2019 se produce un marcado descenso de la JM medida en dólares, esto puede observarse en el grafico 3; el principal salto se da entre enero y septiembre del 2018 coincidiendo con dos hechos fundamentales. En primer término, la aplicación de la nueva fórmula de ajuste por inflación de la denominada ley de reparación histórica, y, en segundo término, con una permanente y sistemática devaluación que lleva el tipo de cambio desde 18,74$/U$S el primer día hábil de enero de 2018 (02/01/2018) a 41,89$/U$S el último día hábil de septiembre del mismo año (28/09/2018).

Puede calcularse también, que entre junio del 2010 y diciembre de 2017 contabilizándose 91 periodos y mientras imperaba la fórmula de la movilidad jubilatoria aprobada en 2008, la jubilación mínima promedio fue de U$S 357,23, mientras que para el periodo enero del 2018 a diciembre del 2019 contabilizándose 24 periodos, el promedio de la JM medida en dólares fue de U$S 262,84.

Comparativo acumulado de tasa de crecimiento de jubilación mínima y tipo de cambio

En el siguiente gráfico, el número cuatro, se pueden ver dos series:

1.- La serie celeste representa la tasa de crecimiento acumulada desde agosto del 2010 hasta la actualidad de la jubilación mínima. Para ejemplificar, la serie inicia en agosto del 2010, al mes siguiente se aplica uno de los aumentos semestrales subiendo la JM de $895,15 a $1046,43, es decir un aumento del 16,9%. Durante los siguientes 5 meses la jubilación se mantiene constante y en marzo del 2011 se aplica el nuevo aumento llevando la JM de $1046,43 a $1227,78, es decir, un aumento de 17,33%, por lo cual en el grafico se verá que a partir de ese mes el aumento acumulado es del 34,23% (16,9% anterior más 17,33% siguiente).

2.- La serie roja representa la tasa de crecimiento acumulada del tipo de cambio también desde agosto del 2010 hasta la actualidad. Para ejemplificar, el tipo de cambio promedio de julio del 2010 fue de 3,965$/U$S y el de agosto del 2010 fue de 3,97$/U$S, es decir, un aumento del 0,25%. Luego, en septiembre del 2010, el tipo de cambio promedio fue de 3,985$/U$S, es decir que el aumento fue del 0,378%, por lo tanto, el acumulado de esos meses 0,628%, ósea 0,63%.

Debe tenerse en cuenta al observar el grafico que el tipo de cambio bajo esta lógica actualiza el aumento en forma mensual, mientras que la JM en forma semestral, por ende, la jubilación, aumenta y queda fija cinco meses más, luego aumenta de nuevo y queda fija cinco meses más etc.

Algunas observaciones respecto del grafico 4:

En primer lugar, cada vez que la curva roja se aproxima a la curva celeste, se pierde poder adquisitivo en dólares de la JM, es decir, se compran menos dólares con una JM. Este proceso de evidencia en cada una de las devaluaciones acaecidas y ya mencionadas anteriormente en este trabajo.

En segundo lugar, la superficie que hay entre las dos curvas representa algo así como el diferencial acumulado entre ambas curvas; podríamos entenderlo como el poder adquisitivo en dólares acumulado fruto de la diferencia que se acumula entre los incrementos de ambas curvas. Cuanto mayor es esa superficie mas poder adquisitivo acumulado en dólares de la jubilación mínima siempre y cuando la curva celeste se encuentre por encima de la curva roja.

En tercer lugar, la superficie acumulada entre ambas curvas favorable a la JM (curva celeste por encima de la curva roja) se da durante el periodo de vigencia de la movilidad jubilatoria (octubre del 2008 a diciembre del 2017).

En cuarto lugar, entre marzo del 2018 (primer aumento de la fórmula de la denominada reparación histórica) y tipo de cambio promedio en 20,45$/U$S y octubre del 2018 (varias devaluaciones mediante) tipo de cambio promedio en 38,86$/U$S se esfumo el diferencial acumulado entre los incrementos de ambas curvas. La superficie entre ambas es virtualmente negativa, y la JM medida en dólares cae de U$S 374,59 a U$S222,26 entre marzo y octubre del 2018 (prácticamente el nivel que tenía en junio del 2010 (U$S226,05)).

En quinto lugar, la JM no pudo recuperar el diferencial perdido mencionado en el apartado anterior durante la vigencia de la fórmula de la denominada reparación histórica. Esto permite concluir entre otras cosas que esta fórmula no protege el poder adquisitivo en dólares ni permite su recuperación luego de que ocurran devaluaciones considerables.

En sexto lugar, el grafico 4 no hace otra cosa que corroborar lo desarrollado respecto de los gráficos anteriores, pues un aumento en la brecha entre las dos curvas (siempre que la celeste este por encima de la roja) representa directamente un aumento neto de la JM medida en dólares.

Por último, debe considerarse que pandemia mundial mediante, el actual gobierno haciendo uso de aumento por decreto durante el 2020 no logro generar un aumento sustancial de la JM que recibió en diciembre del 2019 a U$S223,44 y finalizando diciembre del 2020 se encuentra en U$S216,43. Durante ese periodo alcanzo un máximo en marzo de U$S242,40 y cuyo promedio anual fue de U$S224,43.

Si se observa el grafico 4 se verá que asoman pequeños picos celestes por encima de la curva roja, pero ello no puede ser considerado seriamente como una recuperación del poder adquisitivo en dólares de la JM.

Entendemos que este análisis permite dilucidar que la formula de la llamada movilidad jubilatoria mientras impero, fue más favorable para la mejora del poder adquisitivo en dólares de la jubilación mínima por lejos respecto de la fórmula de la denominada reparación histórica.

Esperemos que la aplicación de la nueva fórmula igual a la vigente entre octubre del 2008 y diciembre del 2017 permita recuperar en forma permanente el poder adquisitivo en dólares de nuestros adultos mayores.

 

[i] Lo Vuolo Rubén. DISTRIBUCIÓN Y CRECIMIENTO UNA CONTROVERSIA PERSISTENTE, MIÑO Y DAVILA EDITORES, Buenos Aires, 2009, p.163 y sub.

[ii] Documento Web: http://www.bcra.gov.ar/PublicacionesEstadisticas/Principales_variables_datos.asp?serie=7927&detalle=Tipo%20de%20Cambio%20Minorista%20($%20por%20US$)%20Comunicaci%F3n%20B%209791%20-%20Promedio%20vendedor, recuperado 01-01-2021.

[iii] Documento Web: https://www.anses.gob.ar/informacion/estadisticas-de-la-seguridad-social, P.4.1 -Movilidad Aumentos acumulados PBU Haber Mínimo y Tope Base Imponible Mínima y Tope del Régimen General SIPA, recuperado 03-01-2021.

[iv] Documento web: https://www.perfil.com/noticias/economia/en-septiembre-aumentan-jubilaciones-la-minima-sera-de-13-mil-pesos.phtml, recuperado el 03-01-2021.

[v] Documento web: https://fortuna.perfil.com/2019-11-21-207634-cuanto-suben-la-jubilaciones-en-diciembre/, recuperado el 03-01-2021.

 

[vi] Documento web: https://www.defensoria.org.ar/noticias/movilidad-jubilatoria-aumentos-en-marzo-2020/, recuperado el 03-01-2021.

[vii] Documento web: https://www.infobae.com/economia/2020/05/18/el-gobierno-anuncio-un-aumento-del-612-para-todos-los-jubilados-a-partir-de-junio/#:~:text=La%20jubilaci%C3%B3n%20m%C3%ADnima%20ser%C3%A1%20de%20%2416.864&text=El%20Gobierno%20anunci%C3%B3%20este%20lunes,haber%20m%C3%A1ximo%20a%20118.044%20pesos, recuperado el 03-01-2021.

[viii] Documento web: https://www.cronista.com/economiapolitica/Jubilaciones-2020-quedo-oficializado-el-aumento-de-75-desde-septiembre-20200825-0006.html, recuperado el 03-01-2021.

[ix] Documento web: https://www.infobae.com/economia/2020/11/25/el-gobierno-oficializo-el-aumento-de-jubilaciones-y-pensiones-para-diciembre/, recuperado el 03-01-2021.

/2020/11/25/el-gobierno-oficializo-el-aumento-de-jubilaciones-y-pensiones-para-diciembre/, recuperado el 03-01-2021.

Facundo Frattini​

La globalización neoliberal y las respuestas populares a contextos expulsivos II

07/12/2020

Introducción.

El presente artículo corresponde a la segunda parte de la nota publicada en esta misma página hace unas semanas. La intención de esta nota es profundizar en una temática que se entiende, desde el punto de vista del autor, como consecuencia de lo mencionado en la nota anterior.

He expuesto, en la nota mencionada, algunas de las aristas teóricas sobre el fenómeno de la globalización y sus particulares consecuencias prácticas del neoliberalismo como expresión política-económica de alcance global.

En esta nota trataremos de indagar someramente en lo que se entiende como una consecuencia particular del modo de desarrollo neoliberal que no es otra cosa que la expulsión de vastos sectores sociales de los principales núcleos de socialización tradicionalmente imperantes en las sociedades contemporáneas (trabajo y educación).

Se parte de la siguiente hipótesis: la aplicación de la globalización neoliberal desde los años 70, y particularmente durante los 90, ha constituido una modificación en la estructura del capitalismo y de ella se desprende un compendio de consecuencias sociales que estructuraron un tipo particular de socialización.

De todas las consecuencias la que interesa, a los fines de esta nota, es la expulsión de vastos sectores del mercado de trabajo formal, que es quizá la más relevante en términos socio-históricos. Dentro de las características particulares que el neoliberalismo imprimió al mundo social se encuentra el aumento sustantivo, sobre todo desde los 80, de las tasas de desempleo y pobreza. Frente a este esquema de expulsión las clases populares tomaron diferentes estrategias que pusieron en marcha a fin de acceder a su propia reproducción.

La organización no estuvo al margen de la escena. Primero las organizaciones de desocupados, luego los piqueteros, así como una gran cantidad de expresiones sociales se erigieron frente a la expulsión y el despojo. Esta nota trata de describir una de las particulares estrategias que se dieron los sectores populares que no es otra que la economía popular como manifestación concreta del modelo de desarrollo imperante.

La economía social o popular como respuesta a la expulsión.

El concepto de economía popular o social está en disputa dentro del campo socio-político. Según Claudia Cabrera[1] hay tres acepciones del término que cada una tiene una forma particular de caracterizar lo que se entiende por él.

En primer término, está la conceptualización que le dio el mundo de la academia como un proyecto político emancipatorio que propone una alternativa dada al capitalismo a través del asociativismo y la solidaridad de clase. Según la autora, esta acepción tuvo impacto en ciertas iniciativas de políticas públicas que trataron de apuntalar al sector como por ejemplo: Argentina Trabaja, Ellas Hacen, Agua más trabajo, etc.

En segundo lugar, la economía popular puede ser entendida como el producto de un sector o clase social, como la economía propia de las clases populares. Como una expresión objetivable. Como el modo concreto por el cual las clases más vulneradas encuentran los caminos para solucionar las cuestiones que tienen que ver con el acceso a los bienes y  servicios para su subsistencia.

Por último, está la acepción que trata de poner en agenda la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) que es como actor político de carácter gremial. La economía popular, desde este punto de vista, es un lugar de encuentro de todos aquellos que quedaron expulsados del mercado laboral formal por las políticas aplicadas durante la década de los 90. Ese lugar de encuentro trata de constituirse como un espacio de acumulación política donde se pueda ejercer presión en pos de poner en agenda las demandas del sector al que representa. Ni más ni menos que una visión gremial de la economía popular.

Así mismo, Pastore y Altschuler (2014) entienden que la economía social y solidaria es un campo multidimensional que se relaciona con la búsqueda de acceso a las condiciones de reproducción de la vida y, al mismo tiempo, puntualizan en que está atravesada por relaciones de poder que son el sustento de su construcción política: “entendemos que la ESS constituye un campo multidimensional (económico, cultural y sociopolítico) de interacción y organización humana en torno a la reproducción de la vida, atravesado por diversas fuerzas y relaciones de poder internas y externas a la constitución de la misma.” (Pastore y Altschuler, 2014: 18)

Coraggio (2002), por su parte, hace un aporte sustantivo al debate sobre la conceptualización de la economía social. En sintonía con lo expuesto por Cabrera respecto a la visión de la academia sobre la economía social, Coraggio nos dirá que “se trata de poner límites sociales al mercado capitalista y, si es posible, construir mercados donde los precios y las relaciones resultan de una matriz social que pretende la integración de todos con un esfuerzo y unos resultados distribuidos de manera más igualitaria.” (Coraggio 2002: 2)

Para el autor, este tipo de economía es social porque es producto de una relación social específica y no solo tiene como fin la búsqueda de las utilidades económicas y genera valores de uso que están en función de satisfacer las necesidades de los propios productores. Está por fuera de la lógica de obtención de ganancias sin límites que impone lo que considera como “economía a secas”.

Desde esta visión, la economía social no está orientada en función a las lógicas del capital sino que busca satisfacer necesidades inmediatas de actores sociales que, como se explicitó anteriormente, quedaron inmersos en un proceso de expulsión del mercado laboral formal: “esta no es acumulación en el sentido capitalista, pues está subordinada a la satisfacción de necesidades y a la calidad de las relaciones sociales y no se basa en la explotación del trabajo ajeno.” (Coraggio 2002: 3)

Así la economía social no solo es una forma de sustento de los trabajadores expulsados sino que es, también, una respuesta política a la expulsión del sistema laboral formal.

Por otro lado, el movimiento de desocupados en Argentina no es un fenómeno actual. Es el producto de un proceso de larga data que tuvo su particular auge en el ámbito público en la crisis del 2001: “En Argentina, por ejemplo, estamos presenciando nuevas formas de confrontación social, como la explosión del movimiento de los trabajadores-desempleados, los piqueteros, «cortan las rutas» para parar la circulación de mercancías (ayudando a dificultar la producción) y para mostrarle al país el flagelo del desempleo. Y también, la expansión de la lucha de los trabajadores en torno de las empresas «recuperadas», ocupadas durante el período más crítico de la recesión, en los inicios de 2001, sumando ya dos centenas de empresas con control – dirección – gestión de los trabajadores. Fueron, ambas, respuestas decisivas al desempleo argentino y apuntaban a nuevas formas de luchas sociales del trabajo” (Antunes 2007: 2)

Producto de los procesos de reforma estructural de los noventa se conformaron grandes bancos de desocupados que fueron cobrando protagonismo durante la década y se transformaron en un actor político de relevancia en el contexto de crisis de 2001 y su posterior desarrollo. Gran parte de esas organizaciones son las que hoy impulsan el proyecto político que contempla a la economía popular como alternativa viable al contexto de expulsiones del mercado laboral formal en Argentina.

La característica territorial de la economía popular.

El territorio no es, o es no solamente, un espacio físico determinado. Sino que es una producción social y política en la cual se materializa las diferentes expresiones socioeconómicas presentes en una sociedad específica. Por lo tanto, es un espacio en disputa permanente donde las pujas socioeconómicas se ponen en juego en la construcción determinada del espacio.

De este modo, las variables territoriales están en función del modelo socioeconómico de época. La metropolización de las grandes ciudades de Argentina se empezó a materializar a partir de la década del 40 con el cambio de la matriz de acumulación de capital, pasado del esquema agroexportador al de sustitución de importaciones.

Las migraciones internacionales sumadas al proceso de migración del campo a la ciudad impulsado por el proceso de industrialización que demandaba gran parte de la mano de obra de la época, cimentó un proceso de metropolización donde en las periferias de las grandes ciudades se fueron asentando sectores populares que venían a buscar trabajo a la ciudad. La ciudad del proceso de sustitución de importaciones no solo era un espacio físico sino que también representaba la posibilidad de acceso a la movilidad social ascendente. Los migrantes venían a la ciudad a concretar el sueño de ascender socioeconómicamente.

Este modelo, se interrumpió bruscamente en Argentina dictadura militar mediante. Se impuso un modelo des-industrializador con fuerte raigambre en el fomento de los servicios como motor de la economía. En una continuidad histórica, durante la década de los 90, los procesos de reforma estructural en el Estado, apostado al Estado mínimo, sumado al esquema de valorización financiera y la convertibilidad terminaron de hundir a la industria argentina en lo más profundo del esquema productivo nacional.

Así llegamos a finales de los 90 con una sociedad con 50% de pobres y 25% de la población económicamente activa desocupada. Fue un paso de una sociedad de pleno empleo a una sociedad profundamente empobrecida y sin contar con el trabajo como estructurador de su vida cotidiana.

Esto tuvo una particular consecuencia territorial. Las ciudades, y específicamente las periferias, se constituyeron en territorios donde una parte considerable de la población se encuentra sumida en la pobreza y el desempleo. El territorio que a mediados de siglo XX era sinónimo de progreso y ascenso social se convirtió en depositario de gran parte de la problemática de la pobreza urbana en la actualidad.

En este contexto, es donde es imbrica la economía popular como la expresión concreta de soluciones a las problemáticas que emergen de la expulsión de época. Los barrios populares son expresiones de ese proceso de marginación que deviene de un sistema económico que expulsa. Y la economía popular es la respuesta a dicha expulsión.

Los barrios populares de mediados de Siglo XX eran barrios profundamente integrados a la ciudad. Contaban, en gran medida, con acceso a los servicios básicos –informalmente en muchos casos. Hoy tenemos en el segundo cordón metropolitano una realidad completamente diferente: procesos de insularización sumados a la profunda segregación espacial que hace que estos barrios sean reales islas “autónomas” separadas de la realidad del desarrollo urbano de la ciudad.

Por tal motivo, es de vital importancia incorporar las expresiones de la economía popular como parte del desarrollo urbano de época. Es un campo escasamente desarrollado el de la economía popular como dinamizador del desarrollo territorial. Hay una visión que enfatiza en que el desarrollo territorial es solo cuestión pertinente para los actores de la economía formal –lo que Coraggio llama economía a secas- pues se posicionan en la postura  que considera que son ellos los que realmente generan valor y por ende producen en el territorio. De esta forma, se reproduce el mecanismo de invisibilización de los sectores populares que históricamente se encontraron marginados.

En definitiva, es urgente pensar a la economía popular como una real herramienta de construcción del desarrollo territorial y urbano de nuestras ciudades. Pues como dice Cabrera “el territorio barrial se reconfigura como una matriz de oportunidades de acceso al trabajo y más en general a ingresos a través de las políticas sociales de transferencias monetarias cuyo peso para la economía de los hogares se acentuó y acrecentó desde 2009. Esta hipótesis nos invita a pensar que la economía popular está delimitada por un proceso de territorialización de las oportunidades para sus trabajadores.” (Diagonales 03/08/2020)

Bibliografía:
  • Antunes, R (2007) Diez tesis sobre el trabajo del presente (y el futuro del trabajo)
  • Antunes, R (2007). Al final ¿Quién es la clase trabajadora hoy?
  • Cabrera, C. (2020) “Los barrios de la economía popular“, Sitio Web Diagonales, 3 de agosto, Disponible en:  https://diagonales.com/contenido/los-barrios-de-la-economa-popular/21914
  • Coraggio, J. (2002) “La economía social como vía para otro desarrollo social”, Documento preparado para el lanzamiento del debate sobre “Distintas propuestas de Economía Social” en URBARED, Red de Políticas sociales 2002
  • Pastore, R. y Altschuler, B. (2014) “La economía social y solidaria, y los debates del desarrollo en clave territorial. Reflexiones sobre experiencias y desafíos a partir de una práctica socioeducativa universitaria”; Artículo presentado en el I Congreso de Economía Política CCC – UNQ realizado el 18 y 19 de noviembre de 2014 en el Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.
[1] Nota publicada por en el sitio web diagonales el 3 de agosto de 2020. Disponible en: https://diagonales.com/contenido/los-barrios-de-la-economa-popular/21914
Lic. Matias Galgano.

La globalización neoliberal y las respuestas populares a contextos expulsivos

25/10/2020

Introducción

La pandemia mundial que estamos atravesando nos enfrenta al desafío de aunar esfuerzos intelectuales a fin de construir un esquema superador que diste considerablemente de los principales lineamientos actuales de la política en todos sus niveles.

La crisis económica que deviene de la pandemia, no tiene una única causa en ella. Es producto, a mi entender, de un agotamiento histórico del modelo de desarrollo del capitalismo contemporáneo. La pandemia solo puso de manifiesto las principales consecuencias negativas en términos económicos y sociales que son producto de un modo de desarrollo que excluye al tiempo que avanza sobre la mercantilización de todas las variables de la vida contemporánea.

Lo que se dio en llamar la oleada de los “nuevos cercamientos” no es sino una consecuencia más de lo que Marx caracterizó como tendencia decreciente de la tasa de ganancia dentro del capitalismo. Las sucesivas crisis de sobreacumulación del capitalismo estructuran un tipo particular de avance sobre bienes que se encuentran por fuera de la órbita del capital. Rosa Luxemburgo decía que la historia del capitalismo es la historia del avance de éste sobre las formas no capitalistas de producción.

De este modo, la crisis de los años 70, que modificó el modelo fordista-keynesino y sus “30 años de oro”, estructuró un tipo particular de avance del capital sobre las formas no capitalistas de producción. En nuestro país se podrían puntualizar, a modo de ejemplo, en dos iniciativas: La expansión de la frontera agrícola (con fuerte presencia de la soja como cultivo principal) y el proceso de reforma del Estado y privatizaciones de bienes de patrimonio público durante los 90.

De esta forma, la mundialización de la economía y la búsqueda de resumir todo a los principios del libremercado caracterizaron la etapa posterior a la crisis del petróleo. En este artículo (dividido en dos partes) se intenta interpretar las particularidades que asume el proceso de globalización y como esto decanta en una particular dinámica de expulsión de gran parte de la clase trabajadora. Estos sectores, expulsados del mercado formal del trabajo, encontraron caminos alternativos, con una fuerte intención autonómica, para enfrentar una cuestión que no debería ser discusión en el siglo XXI: La inclusión laboral y urbana.

En definitiva, se intenta en este primer artículo caracterizar los principales lineamientos de lo que se dio en llamar globalización pasando, en el segundo, a aportar al debate de la economía popular como concepto y como práctica de resolución de la problemática laboral de los sectores expulsados.

Globalización: economía neoliberal y cultura global.

El mundo en que vivimos se enfrenta, al igual que todas las formas físicas creadas por el hombre, a un proceso que no tiene registros –al menos en su alcance- en la historia de la humanidad: la Globalización.

La incorporación de la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación que se han desarrollado más fuertemente hacia finales de Siglo XX ha estructurado un tipo particular de socialización de las actividades humanas. El proceso de globalización “ha cambiado las formas de consumir, producir, gestionar, informar y pensar”. (Castells 1998: 21) Nos enfrentamos a un tipo particular de socialización que deja atrás viejas prácticas y avanza arrolladoramente sobre las sociedades y las economías nacionales.

Castells (1998) resalta que esta irrupción de las nuevas tecnologías da comienzo a una nueva era de la historia mundial: La era de la información. Destaca que no todas las expresiones sociales tienen carácter global –algunas son de especificidad local-, pero el proceso hegemónico tiende a globalizar todas las intervenciones de la vida en sociedad.

Ulrich Beck (1998), puntualiza a la globalización como un fenómeno que concentra dos tipos de procesos que, aunque diferentes, se presentan simultáneos. Por un lado, habla del globalismo que lo atribuye al proceso a través del cual los principios del libre mercado se expanden a escala mundial. Se entiende este proceso como el fin del Estado de bienestar o fordista que estructuró la vida económica desde los años 30 y que fue lo que permitió reconstruir la dinámica socioeconómica luego del Crack del 29.

A partir de los años 70 del siglo XX, entonces, se propone y se aplica una receta que tiende a descentralizar funciones estatales corriendo al Estado del centro de la escena como dinamizador de la actividad económica. La liberalización económica y la flexibilidad productiva dominarán la realidad de la gran mayoría de los países del mundo. Es entonces, el globalismo, la intención de llevar a los principios del libre mercado a cada rincón del planeta.

Por otro lado, Beck destaca la globalidad como aquel proceso por el cual se intenta construir una sociedad global, rompiendo fronteras socioculturales se enfatiza en la necesidad de construir una suerte de “aldea global” donde las diferencias se solucionen por la imposición de patrones de consumo y culturales que unifican, o intentan unificar, la realidad sociopolítica de los Estados Nación modernos.

No es sencillo, ni tampoco creo que revista de interés, entender cuál es el determinante dentro de las relaciones socioeconómicas de la globalización. No parece ser una tarea intelectual demasiado fructífera la de tratar de explicar los condicionamientos de la visión economicista versus la sociocultural de la globalización.

Lo que sí me interesa destacar es que hay un proceso de desgaste de los Estados Naciones modernos tanto en su faceta económica como en la tarea de homogeneización cultural. Por un lado, se lo corre del centro de la escena económica, como dinamizador y como impulsor de políticas económicas que estructuren el desarrollo de la vida en sociedad; y por el otro, se intenta consolidar una suerte de sociedad global donde las diferencias culturales -que son las que les daba entidad al estado nación- quedan subsumidas a las propias lógicas del patrón de desarrollo global.

El proceso de globalización es también un proceso de tercerización económica. Saliendo del modelo fordista el cual se sostenía en gran medida por el desarrollo del capital industrial como gran generador de la acumulación capitalista.

Desde mediados de la década del 70 asistimos a un proceso por el cual el gran sector dinamizador de la lógica capitalista es el terciario. Nos enfrentamos a sociedades donde la acumulación del capital, en gran medida, pasa por los servicios más que por la industria. Y dentro del tercer sector específicamente los servicios financieros, en esta lógica globalizadora, es el sector de más alta rentabilidad y a través del cual se estructuran las lógicas de sociabilidad.

De Mattos (2001) destaca que las empresas del segundo sector tendieron a “externalizar” algunos de sus actividades dando lugar a un proceso de tercerización de la producción industrial: “En esta evolución, se observan importantes cambios cualitativos en la composición interna del sector, consecuencia fundamentalmente del impacto de la microelectrónica y de las nuevas tecnologías de la información en la organización de los procesos productivos, donde buena parte de las grandes empresas industriales han tendido a externalizar un elevado número de actividades que, desde entonces, han pasado a ser registradas como servicios.” (De Mattos, 2001: 6)

En términos de empleo, De Mattos hace una comparación porcentual respecto a la composición del empleo por sector. Destaca que para 1960 el 34% de los empleados lo aportaba el sector industrial. Mientras que el sector secundario muestra números parecidos para el año 1990, el sector terciario sube 10 puntos porcentuales pasando del 45% en 1960 al 55% en 1990.

Entonces tenemos un proceso de desregulación del capital al tiempo que se terciarían las actividades. Este fenómeno estructura un tipo particular de mercado de trabajo que responde cada vez menos a las lógicas tradicionales y demanda un perfil particular de trabajador.

La internacionalización y la globalización de la pobreza.

Si hay algo que es característico de esta nueva etapa del modo de producción capitalista es el nivel de interconexión, fluidez e incentivo comercial, social y productivo.

La rapidez con la que las relaciones sociales se desarrollan en todo el mundo plantea interrogantes que sanear. El crecimiento del comercio mundial se concreta en bienes de alto valor agregado y con un contenido tecnológico destacable. Sin embargo, no todos tienen el acceso a este sistema de producción mundial interconectado. Hay, en el modelo, ganadores y perdedores.

Dice Aldo Ferrer (1999) que ésta producción se realiza dentro de las matrices de las corporaciones transnacionales con filiales en todo el mundo. Destaca, el autor, que existen dos tipos de globalización: la real, que es un proceso a largo plazo que se acelera a partir de la difusión de la revolución industrial que adquiere un nuevo impulso a partir de la segunda mitad del siglo XX y que se refleja en cambios en la tecnología, la acumulación de capital y la amplitud de las economías nacionales para generar nuevas ventajas competitivas. Por otro lado, destaca la globalización virtual, que se refiere a la transacción de valores, al procesamiento y circulación de datos e imágenes.

La globalización virtual y su nivel de flexibilidad en las comunicaciones generan posibilidades de acceder a ganancias arbitrando diferencias entre tasa de interés, tipos de cambio y variaciones de precios en el los mercados inmobiliarios y bursátiles.

Es ilustrativa la siguiente cita con respecto al nivel de irracionabilidad comercial imperante en el mercado bursátil: “Más del 80% de la producción mundial se destina a los mercados internos de los países. Las exportaciones representan menos del 20% del producto mundial. Alrededor de 9 de cada 10 de los trabajadores del mundo producen para los mercados de sus respectivos países. La gigantesca masa de recursos financieros que circula en plazas globales es una burbuja de transacciones en papeles, opciones, derivados y otros instrumentos que constituyen operaciones desvinculadas en su mayor parte de la actividad real de producción, inversión y comercio.” (Ferrer, 1997: 30)

Vemos, entonces, como la implantación del modelo económico neoliberal a escala global (el globalismo) necesita de lo que Ferrer llama “ficciones” sociales de la globalización, una serie de postulados argumentativos trasladables al imaginario popular común, que formarían parte de los que Beck llamaría globalidad, que legitima la apertura económica basada esencialmente en los procesos de regionalización y que no son más que funcionales a la implantación del nuevo modelo de acumulación capitalista basado en las nuevas tecnologías de la información.

Se destaca, entonces, que el crecimiento de la actividad financiera por el fomento de las políticas de desregularización del neoliberalismo es espectacular y muchísimo mayor que la actividad real alcanzando, los mercados virtuales, proporciones desvinculadas de la realidad económica de los países.

Al mismo tiempo, Ferrer (1997; 1999) denomina visión fundamentalista sobre la globalización a aquella que amparándose en un mundo sin fronteras sugiere que el dilema del desarrollo en el mundo global está saneado por la simple razón que las decisiones las toman los agentes internacionales. Los Estados, bajo esta visión, debían solo garantizar políticas adecuadas que permitan que los actores transnacionales sean atraídos y promuevan el “crecimiento económico”. Una de estas “políticas adecuadas” son los programas de regionalización económica, disminución arancelaria, apertura económica, regresión impositiva y de incentivo a la inversión extranjera directa (IED), entre otras.

En el mismo sentido, Carlos Hermida Revillas (2000) considera al fenómeno de la mundialización neoliberal como la “globalización de la pobreza”. Destaca que la reducción de los gastos sociales, la desregulación laboral, los recortes presupuestarios en partidas tales como educación y salud son el resultado no sólo de la ampliación de la desigualdad social sino también de la exclusión. El autor destaca que estas políticas “son la otra cara de ese neoliberalismo que se presenta como panacea de todos los males económicos. La llamada mano invisible del mercado y las leyes <> de la oferta y la demanda enriquecen a los especuladores de la Bolsa, pero sumen en la desesperación a millones de personas”. Y continúa: “la globalización es, ante todo, globalización de la miseria, mundialización de la desigualdad.”

Era previsible que una irracionalidad de este tamaño, fundada en imprudentes colocaciones de montos gigantescos en mercados que no producen ni un botón, fuera a deparar (tal como en 1929) en burbujas especulativas que condujeron en la crisis de 2008.

La hegemonía financiera ejerce su control sobre el comportamiento de los consumidores y empresas haciendo de la visión fundamentalista su núcleo más férreo de imposición, incluso en los países más desarrollados.

En definitiva el proceso de internacionalización económica y productiva se sustenta sobre la necesidad de mundializar los principios del libre mercado fomentando políticas de apertura económica y desregularización que son la base sustancial del proceso de globalización de la pobreza.

En conclusión, la crisis sistémica de los 70 deparó en un capitalismo aún más voraz que avanzó sistemáticamente no solamente sobre los bienes de propiedad común sino, y sobre todo, sobre derechos que los trabajadores habían conquistado durante su edad de oro. De tal manera, la globalización neoliberal se presenta como solución concreta a una nueva crisis del capitalismo contemporáneo que no es otra cosa que un avance más del capital sobre el trabajo. La marginalidad, la exclusión, la expulsión son consecuencias concretas de un modelo de desarrollo basado en el capital financiero, achicamiento del Estado, la flexibilidad laboral y la desindustrialización.

Es lógico que los sectores populares, que cada vez ensanchan más sus filas, busquen y encuentren soluciones concretas a este estado de expulsión y las materialicen en acciones que buscan su propia reproducción social.

En la nota siguiente1 se abordarán algunas de las conceptualizaciones de la economía popular como un camino propio de los sectores populares para hacer frente al proceso de expulsión social imperante. Espero sea de interés del lector.

Bibliografía.

• Beck, U. (1997): ¿Qué es la globalización?, PAIDOS, Barcelona, 1998.

• Castells, M. (1998): Local y Global. La gestión de la Ciudades en la Era de la Información.

• De Mattos, C. (2001): Movimientos del capital y expansión metropolitana en las economías emergentes latinoamericanas Ed. Revista Virtual Mundo Urbano N 14.

• Ferrer, A. (1997): Hechos y ficciones de la Globalización, FCE, Buenos Aires, 1997.

• Ferrer, A. (1999): La globalización, la crisis financiera y América Latina, CLACSO-EUDEBA, Buenos Aires, 1999.

• Hermida Revillas, C. (2000): Crisis y reestructuración del capitalismo 1973-2000; Historia y Comunicación Social, número 5, P. 255-270

1 Se publicará en 15 días la segunda parte de esta nota.
Lic. Matias Galgano.

Formación de precios e inflación II

10/08/2020

          La inflación, tal como  la hemos conocido  y padecido en distintos  momentos de  nuestra historia, tiene que ver fundamentalmente con la ganancia. La ganancia es aquello que le queda al  empresario después de cubrir sus costos fijos y de pagar los  salarios de los trabajadores    (depende de cuánto  se le vaya al  empresario en  concepto de  alquileres, créditos,  maquinaria y  salarios antes de  llevar su producto al  mercado). En el mercado suele haber un precio más o  menos definido para  cada producto. Si en  ese mercado hay competidores, el empresario deberá ajustar  sus  costos  para   poder  vender y obtener  algún tipo de  ganancia . No podrá vender a  cualquier precio  porque  otras empresas   venderán a  un  precio  menor y  le  sacarán  los clientes.    Entonces, siempre  tendrá  una mirada puesta  en   la  tasa de ganancia.   El  asunto  es  que  los alquileres, los créditos, la maquinaria, los salarios, no son números, sino que  son  actores:  inmobiliarias,  bancos,  productores de bienes  de  capital, sindicatos. La tasa de ganancia no la  fija  el  empresario   por  su cuenta, sino que  depende  de  las pujas  entre  todos  estos actores. Estos actores pueden estar muy organizados, lo que les dará mayor capacidad de presión para inclinar la balanza a su favor. Así, en una economía capitalista, la gran disputa es por ver quién se apropia de la mayor parte de la riqueza. No por nada el peronismo molestó  tanto  a  los  sectores  altos  de este  país:  el  famoso 53%  del PBI para los trabajadores. O sea, el porcentaje mayor de la riqueza iba para los que producían el  valor. Porque  esto  también  debe quedar claro: el valor nace del trabajo. El dinero en sí mismo no genera valor, sino que es el trabajo real y concreto de los seres humanos el que produce valor, sea de uso (autoconsumo) o de cambio (para intercambiarlos en un mercado).

Así las cosas, vivimos en un sistema capitalista y el  asunto está en ver  quién  se  queda  con  la  mayor  parte del excedente. De   ahí nacen  los procesos inflacionarios  y en esa disputa entran variables diversas, tanto  internas   como externas,  económicas, políticas y culturales. Algunos son más violentos y suelen  conocerse  como hiperinflaciones  (como  la  de  fines de  los  80) y otros son  más suaves y previsibles,  como la inflación en Argentina durante el kirchnerismo (que,  dicho sea  de  paso,  fue  una  inflación  similar a la que tenían los países europeos en el período que va de 1945 a 1975, los conocidos “treinta gloriosos”,  ciclo de   mayor   crecimiento  económico   de   la  Europa  occidental).  La  inflación  no  es mala en sí misma . Sí  es  mala  cuando es  hiperinflación porque  representa un   descalabro   de todas las referencias  sociales  vinculadas   al  intercambio   de  productos  y servicios. Pero si no es hiperinflación entonces no es  necesariamente mala.  Lo  que demandan  los procesos inflacionarios leves o moderados es una política macroeconómica que  vaya  tomando nota de la situación de distintas variables: salario real,   consumo, tasas de interés, exportaciones, importaciones, cotización del dólar, inversiones, ingresos fiscales,  etc.[1] Esto requiere,  sin  duda, de  mucho  trabajo, mucha “muñeca”, para ir negociando con los distintos actores. Si existe esa capacidad de negociación y si el gobierno de turno teje las alianzas apropiadas, se puede crecer con inflación sin dañar los procesos de inclusión, de combate a la pobreza y a la desigualdad.

Si decimos que el eje de la cuestión es la apropiación del excedente, entonces la mirada debe ser puesta en la puja distributiva que desarrollan los distintos actores, centralmente el capital y el trabajo[2], pero también entre los capitales de diversos sectores y/o de diversos tamaños. Por eso es importante observar las cadenas de valor, o sea, las distintas empresas que participan en la producción de un determinado producto. En esas cadenas, al menos en nuestro país, observamos que en los extremos existen grandes corporaciones, nacionales algunas y extranjeras la gran mayoría. El rol que juegan esas grandes corporaciones en la fijación de los precios es fundamental (lo veremos más adelante). También es importante si esa empresa es nacional o extranjera. Si es extranjera, va a pretender que los precios locales le garanticen una ganancia razonable en dólares. Y además va a pretender girarlos a sus casas matrices, llevándose parte de la ganancia generada en Argentina a otro país. Entonces, tenemos tres grandes conjuntos: el Estado; los trabajadores (sindicalizados y formales algunos; sin protección e informales otros); y el capital (grandes, medianos y pequeños; nacionales y extranjeros; industriales, agropecuarios, bancarios, inmobiliarios, de servicios, etc.). Estos tres grandes conjuntos se interrelacionan (amistosa, conflictiva o antagónicamente) en un campo donde se entrecruzan aspectos económicos, políticos y culturales.

Emilio Katz plantea que los aumentos salariales pactados en paritarias repercuten en las estructuras de costos de diferente manera. En las micro, pequeñas y medianas empresas, cuyos procesos productivos suelen ser mano de obra intensivos, todo aumento afecta en un 25% la estructura de costos. “Por el contrario, en las grandes empresas monopólicas u oligopólicas, que producen con capital fijo intensivo y altos niveles de robotización, el aumento repercute en un 5% en la estructura de costos”[3]. Este grupo de empresas tiene la capacidad de fijar precios a su arbitrio, lo que significa que, si trasladan el aumento salarial a los precios por encima del 5%, obtienen una ganancia extraordinaria que acaba siendo causal de inflación. O sea, estas empresas ganan dinero aumentando los precios. No es que aumentan los precios para compensar el aumento de los salarios en sus costos, o para amortiguar dichos aumentos, sino que las grandes corporaciones utilizan la excusa del aumento salarial vía paritarias para aumentar los precios por encima de su impacto real interno. Esto implica una apropiación mayor del excedente por dos vías: a nivel intra-empresa al no repartir ganancias con los trabajadores; y a nivel inter-empresa por vender a mayores precios a otras empresas o a los consumidores. Si la empresa es productora de insumos básicos, como puede ser Techint, lo que hace es venderle más caro a las empresas que necesitan de ese insumo para producir. Como Techint es inmensa y monopólica, y sus clientes suelen ser más pequeños, les fija precios que están obligados a pagar resignando parte de su ganancia en una futura venta o viéndose obligados a aumentarles los precios a sus respectivos clientes. Si el aumento nace al comienzo de la cadena de valor, con la empresa monopólica productora de insumos básicos vendiendo más caro, lo más probable que suceda es que se encadenen una sucesión de aumentos de precio a lo largo de la cadena, llegando el producto al mercado de consumidores finales con un marcado aumento[4]. Si la empresa monopólica está al final de la cadena, como puede ser la industria automotriz, lo que sucede es que les impone a sus proveedores precios menores para la compra de sus insumos so pena de no comprarles más. Esto implica que los sectores más concentrados generan y capturan los aumentos de precios.

Al mismo tiempo, lo que busca el capital es el aumento de la productividad. ¿Qué significa aumentar la productividad desde la mirada del empresario? Significa que los trabajadores produzcan más en el mismo período de tiempo y por el mismo salario, lo que se traduce en una ganancia extraordinaria. Esa ganancia puede ser producida por pequeñas, medianas o grandes empresas, el asunto radica en su apropiación. Lo que suele suceder es que los sectores más concentrados capturan los aumentos de productividad mediante una política de fijación de precios[5].

Uno de los ejes de la puja distributiva radica en estos aumentos de productividad. El trabajador individual no puede hacer nada más que padecer los aumentos de productividad, razón por la cual debe juntarse con otros trabajadores y demandar mejores condiciones de empleo, mejores salarios, participación en la ganancia de la empresa, etc. No olvidemos que el valor que el empresario lleva al mercado para intercambiarlo por dinero es producido por el trabajo humano. El empresario cuenta con una cobertura jurídica que dice que es dueño de la empresa y por tanto dueño del excedente que producen los trabajadores, pero lo cierto es que eso es letra legal que puede y debe ser discutida por las organizaciones sindicales. Discutir la participación de los trabajadores en la ganancia empresaria debería ser el gran tema de debate propuesto por los sindicatos en las mesas paritarias.

Ahora bien, estos escenarios de aumento de precios y de aumentos salariales vía paritarias se suelen traducir, a nivel mediático, en la culpabilización del sindicalismo. Los precios aumentan porque los sindicatos no son razonables en sus demandas. Está claro que, más allá de la incidencia que vimos que tienen los aumentos salariales en las diferentes estructuras de costos, los grandes medios de comunicación actúan como voceros de las grandes corporaciones y de los sectores más concentrados de la economía. Esos sectores prefieren salarios deprimidos, fundamentalmente porque son empresas exportadoras. No les interesa tanto el mercado interno sino colocar sus productos en el extranjero, para lo cual prefieren salarios bajos (como sucede en India, China, Brasil y tantos otros países emergentes).

El asunto, de todas formas, es que la puja distributiva se juega en diferentes terrenos. No existe una fórmula única que resuelva los procesos inflacionarios, sino que existen distintas fórmulas en distintos escenarios, todas las cuales deben considerar la fijación de distintos precios de la economía (salarios, tarifas, insumos, productos finales, etc.).

Hernán Letcher y Julia Strada identifican dos elementos claves de la inflación de los últimos años: por un lado, lo que venimos destacando, la profunda incidencia de las ramas altamente concentradas de la industria en la fijación y aumento de precios. Por el otro, el rol político, económico y cultural del dólar. Tenemos una historia no muy lejana de fuertes devaluaciones e hiperinflaciones que han dejado su huella en la memoria colectiva. La defensa del ciudadano de a pie ha sido la de refugiarse en la moneda estadounidense. Esto es usufructuado por los grandes medios generando una especie de paranoia en torno a la cotización de la moneda. Sabemos que los sectores más concentrados buscan socavar nuestra soberanía monetaria porque de esa manera se apropian de una mayor porción del excedente. Cada devaluación supone una transferencia de ingresos hacia los sectores exportadores. Por esto es que presionan política y mediáticamente sobre el valor de nuestra moneda, intentando generar escenarios que obliguen a una devaluación profunda. Cuando esto sucede, si el gobierno de turno se encuentra debilitado o es prescindente respecto de su rol de control, lo más probable es que se empiecen a encadenar aumentos de precios, devaluaciones y corridas cambiarias hasta el extremo de producir procesos hiperinflacionarios cuyas consecuencias ya son de sobra conocidas.

Por esta razón, es clave que el Estado se haga con determinados resortes de la economía y que trabaje culturalmente en desarmar esa cultura del dólar que ha sido internalizada. Quedará para futuros intercambios discutir cuáles son esos resortes que debe controlar el Estado. ¿Se debe avanzar en la nacionalización de determinados sectores de la economía? ¿Se puede desconcentrar el aparato productivo? ¿Se debe prohibir la venta en dólares, por ejemplo, de inmuebles, al interior de nuestro mercado? Y una pregunta central: ¿puede el mercado resolver los grandes problemas que afectan a las sociedades contemporáneas?

[1] Comentario de F. Frattini al artículo: en esto entra justamente la idea de analizar el poder adquisitivo del salario medido en canastas, dólares o bienes puntuales.

[2] Frattini: me preocupan mucho los actores que aparecen post Castro y Lessa: el sistema financiero internacional operando en la era de las tic´s las 24 horas, y la renta de la propiedad.

[3] Frattini: en estas empresas influiría el costo del capital, la tasa de interés, como referencia del costo de oportunidad. Por eso en épocas de bicicleta financiera también perdieron plata las grandes empresas productoras.

[4] Frattini: por esto es que los aumentos de tarifas del macrismo por encima de la inflación proyectada por el sector privado empujaban la inflación. Es lo que los economistas discuten como procesos ex ante o ex post.

[5] Frattini: recuerdo a Oscar Tangelson en una charla en la Universidad Nacional de Lanús en la que se preguntaba en qué medida los sindicatos tienen herramientas teóricas y formativas para discutir la apropiación del aumento de la productividad y la renta.

Ivan Ponte, Sociologo​

Formación de precios e inflación

27/07/2020

El objetivo es simple: tratar de entender los fenómenos inflacionarios. Pero el proceso para comprenderlos es complejo. No tiene, ni por asomo, la sencillez con que ciertos sectores político-ideológicos y mediáticos tratan de mostrarlo. Pero lo haremos mediante un lenguaje llano y directo. Sabemos que los lenguajes complicados, cuando de economía se trata, tienden a ocultar una verdad que juega en contra de las mayorías. De ahí que trataremos de desvelar, de correr el velo que impide ver con claridad.

Comenzaremos tomando las definiciones vertidas en un muy pedagógico libro de Castro y Lessa1, editado a fines de los sesenta, en el marco de unos cursos que se dictaban en el Centro CEPAL-BNDE (o sea, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, célebre por aquellos años por ser uno de los espacios donde se discutía cómo hacer para superar el subdesarrollo desde una mirada, si se quiere, latinoamericana; y el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, uno de los organismos burocráticos más interesantes del vecino país, con cuadros técnicos altamente formados). Ese libro de introducción a la economía se posicionaba desde una mirada estructuralista, esto significa pensar las múltiples interrelaciones que intervienen en los fenómenos económicos. La contrapartida de esta perspectiva es la “atomista”, propia de las corrientes neoliberales, donde se habla de actores racionales que siempre buscan maximizar sus beneficios y donde los modelos son matemáticos. Nada, claro está, más alejado de la realidad social en la que estamos inmersos cotidianamente. Las relaciones humanas y sociales no son subsumibles a fórmulas matemáticas. No considerar esa complejidad da lugar a modelos simplificadores que no explican ni resuelven los problemas de los pueblos.

En ese libro, Castro y Lessa definen al precio como la “relación que determina la cantidad de unidades monetarias que se debe entregar para la obtención de una unidad de determinado producto” (pág. 51). Esto significa que si abstraemos la relación de toda la complejidad social que la rodea podemos decir que el precio es una relación entre un monto de dinero y una cierta cantidad de un producto. Lo nominal y lo real. De esta manera, se supone que el precio compatibiliza oferta y demanda (los que ofrecen productos y los que quieren comprarlos) pero sin considerar las necesidades o deseos humanos. Lo que tenemos es, de un lado, un consumidor con un determinado poder adquisitivo que quiere comprar un producto y por el otro un empresario poseedor de productos que los quiere cambiar por dinero, quedándose con un margen de ganancia (el margen de ganancia, o excedente, es uno de esos detalles no menores del capitalismo que deberemos discutir más adelante).

Esto significa que el precio opera, en una sociedad capitalista, como la relación que debería establecer una relativamente equilibrada producción, distribución y consumo de productos.

Ahora bien, ¿cómo llegamos a definir el precio de un producto? Desde la hipótesis de la “competencia perfecta” podemos decir que la escala de precios se relaciona con la escala de los costos unitarios de producción, o sea, todo lo que cuesta producir algo, desde los insumos hasta los denominados factores (trabajo, recursos naturales, capital). Según esta teorización, los precios de mercado tienden a coincidir con los costos unitarios de producción. Esto porque se suponía que existían muchos y pequeños empresarios para producir un mismo tipo de producto, lo que los hacía entrar en una dura competencia que los obligaba a bajar los precios para ganar clientes. El problema radica en que la idea de competencia perfecta no ha sido vista demasiado en el mundo capitalista, salvo por cortos períodos y no en toda la economía de un país sino en determinadas ramas o sectores. Entonces, aquí empezamos a desgajar la teoría, la cual es muy linda para simplificar la realidad, pero inútil para resolver los problemas que nos aquejan. Si la teoría no capta la complejidad de los fenómenos sociales2, de nada nos servirá. Un mayor grado de realismo nos muestra que existen distintos grados de imperfección en el régimen de competencia.

Hoy se admite regularmente que la distancia conservada entre el precio de venta y el costo unitario depende del poder económico de la empresa productora, capaz, en mayor o menor grado, de imponer condiciones a su mercado consumidor, a los factores contratados, de excluir competidores, etc.” (pág. 52). Nos vamos alejando del modelo de la competencia perfecta. Si entre el costo de producción y el precio de venta hay mucha diferencia es porque el empresario está capturando una parte importante del excedente. O sea, está teniendo una ganancia extraordinaria. Esa ganancia extraordinaria puede ser transitoria (como cuando se realiza una innovación que coloca a una empresa a la vanguardia del proceso productivo) o duradera (como en los casos en que grandes empresas dominan ramas o sectores enteros de la economía). Lo que nos dicen los autores es que, si una empresa posee un poder económico lo suficientemente grande, tendrá la capacidad de imponerle a los consumidores, a los trabajadores, a los proveedores y a los competidores sus propias condiciones. Esto se traduce en:

– un precio alto para los consumidores;

– altas tasas de explotación de la mano de obra propia;

– precios bajos para los proveedores, los cuales para bajar costos terminan teniendo buena parte de sus trabajadores en negro o, lisa y llanamente, esclavizados;

– competidores que son borrados del mercado, sea por adquisición, fusión o quebranto.

Por otro lado, sabemos que los denominados factores (salario, intereses, renta, etc.) que se requieren para producir no son un producto más, sino que encarnan a otros actores (sindicatos, bancos, inmobiliarias, etc.), los cuales también tratan de disputar una parte de ese excedente. Esas disputas y presiones se traducen en legislaciones, actuaciones sindicales, decisiones sobre el salario mínimo, sobre la política monetaria y fiscal, etc. Las relaciones de fuerza entre ambos polos, fundamentalmente entre el capital y el trabajo (o sea, entre los que son poseedores de capital y los que solo poseen su fuerza de trabajo) son capaces de alterar el sistema de precios relativos de una economía.

Antes existía la creencia en que los deseos del consumidor eran libremente expresados en el mercado y que daban señales a un aparato productivo sumiso y flexible respecto de lo que debían producir y en qué cantidad. Muchos y pequeños productores (el esquema de competencia perfecta arriba reseñado) que no tienen el poder suficiente para imponer nada al mercado. El sistema ideal de asignación de recursos sería un mecanismo de precios relativos basados en estos fundamentos.

En la actualidad sabemos que, si bien sigue estando el mecanismo de precios como último orientador, existen gigantes económicos que controlan tanto la producción como los precios, y hasta la demanda, mediante publicidad. Estos gigantes forjan los deseos de los consumidores. “Los precios y sus alteraciones pasaron a depender, en muchos casos, del arbitrio de macrounidades productoras”. El “arbitrio” de las grandes empresas no es exactamente sinónimo de “comercio justo”.

De esta forma, llegamos a una economía cuyo funcionamiento se encuentra muy lejos de la idea del libre juego de la competencia y se acerca más a un esquema de presiones con fuerte preeminencia de las grandes corporaciones. Los modelos matemáticos que suelen emplearse desde ciertas corrientes del pensamiento económico no son capaces de captar la realidad política y social de los fenómenos económicos. De aquí que, al intentar meter la realidad dentro de la teoría, lo más habitual es que no entre. Y lo razonable sería romper los moldes de la teoría y no romper la realidad. Pero la tendencia de los tecnócratas es obligar a la realidad a entrar en la teoría. Por ejemplo, se habla de “ajustar” como si fuese simplemente corregir unos números en una fórmula matemática, lo cual para ellos es efectivamente eso, el asunto es que el ajuste implica, en términos reales, achicamiento de la inversión pública, devaluación de la moneda, caída de los salarios reales, destrucción de empleo, aumento de las tasas de interés, etc. También, a veces hablan de “enfriar” la economía. “Los precios aumentan porque el Estado inyecta dinero o porque los sindicatos logran aumentos. Entonces hay que ajustar o enfriar para que no haya tanto dinero dando vueltas que se vuelque al consumo”3. La consecuencia de esto, para el que no se detuvo aún a reflexionar sobre el tema, es simple: una parte importante de la población debe empezar a hacer malabares para intentar cubrir sus gastos fijos. Muchos pierden sus trabajos, otros no los pierden, pero pasan a ganar menos. Todo se traduce en mayor pobreza y mayor desigualdad, y si el ajuste se extiende durante demasiado tiempo, como pasó en este país entre 1975 y 2003, también crece la marginalidad, la delincuencia, la violencia social. Éstas no brotan de repollos. No son fenómenos inexplicables y solo combatibles por la vía del aumento de las penas. Al contrario, hemos constatado que el aumento de penas, el meter más gente presa, el gatillo fácil, las torturas en las comisarías, no resuelven las consecuencias de la destrucción del tejido social. Lo que revierte esa destrucción es garantizar condiciones dignas de vida para toda la población y reducir la desigualdad que existe entre aquellos que tienen todo y más de lo que pueden disfrutar en una vida, y aquellos que tienen poco o nada y que nunca llegan a fin de mes. Para reducir la violencia debemos garantizar trabajo, educación, viviendas dignas, salud y acceso a aquellas cosas que el mercado nos vende a través de la tele, la radio, los carteles publicitarios en las calles, los banners en internet. Es muy violento este sistema porque todos vemos lo que se ofrece, pero no todos pueden comprarlo. Y no solo eso, algunos pueden comprar varios y otros ninguno. Pasa con las casas, los autos, la ropa, la comida, los viajes.

Entonces, ante esta perspectiva, la pretensión de “ajustar” (o podríamos decir “asustar” porque buscan asustar a la gente para que no pida nada, no reclame nada, para que les puedan bajar sus salarios o hacerlos trabajar más horas pagándoles menos o sencillamente despedirlos) se traduce en aquello que ya vivimos en este país. Eso es la memoria histórica y colectiva: saber por cuáles caminos no debemos volver a transitar. El ajuste no es para todos por igual, sino que lo que pretende garantizar es que aquellos que ganan mucho puedan ganar más; es para que aquellos que tienen una empresa puedan quedarse con un porcentaje mayor de la ganancia (fundamentalmente las grandes corporaciones, nacionales y extranjeras); es para que las grandes empresas se coman a las medianas y pequeñas; para que los bancos aumenten sus ingresos. Y es, sobre todo, para que ese dinero que obtiene el pequeño grupo que más gana en el país lo pueda transformar en dólares y fugarlo.

1 Castro, A. y Lessa, C. (1969, 1978), Introducción a la economía (un enfoque estructuralista), Siglo XXI Editores, México.

2 Comentario de F. Frattini al artículo: amerita ver en qué medida una teoría que se sabe insuficiente es aplicada sistemáticamente porque resulta útil a determinados intereses.

3 Frattini: en esto hay una contradicción fundante y cuasi una zoncera, ya que se supone que la forma de que los precios no aumenten es el no consumo y/o la carencia, o sea si el 20% de los niños de argentina que hoy toman un vaso de leche al día dejaran de tomarlo, el precio de la leche debería bajar. Claramente, ese no puede ser el medio para combatir la inflación.

Ivan Ponte, Sociologo

El ofertismo como regla y vicio

Martes, 26 de Mayo 2020

Entendemos que no resulta necesario realizar un amplio desarrollo teórico y conceptual, para asumir que la mayoría de la población independientemente de su ideología, tiene clara la importancia de la economía en su vida cotidiana.

A su vez, independientemente de la organización política de una nación, ya sea esta una monarquía absoluta, una dictadura, una monarquía parlamentaria, una republica o cualquier otra forma organizativa que podamos imaginar, todos los gobiernos hacen política económica

Y hacer implica hacer política tomando decisiones en tres sub áreas:

Decisiones relacionadas con la política monetaria que implica decidir sobre el valor de la moneda, el tipo de cambio, la tasa de interés, la emisión monetaria, el control y regulación del sistema financiero en general y del crédito en particular, etc.

Decisiones relacionadas con la política laboral o de empleo que implica decidir como se regulará el empleo privado y cuanto empleo publico se generará.

Decisiones relacionadas con la política fiscal que implica decidir que impuestos se cobraran, a quienes, con que periodicidad y a que se destinaran esos ingresos fiscales.

En este marco, creemos que independientemente de la ideología de quienes gobiernan y toman las decisiones políticas, existe una vertiente teórica basada en una ley económica cuyos fundamentos fueron volviéndose los fundamentos bajo los cuales se toman la mayoría de las decisiones relacionadas directa o indirectamente con la cuestión económica.

La ley a la que hacemos referencia es la ley de Say (en honor a su creador Jean Baptiste Say), la misma posee un enunciado sencillo pero poderoso, tranquilizador pero falaz, “toda oferta genera su propia demanda”. En términos económicos significa que si en una economía se producen bienes y servicios y se pagan ingresos equivalentes a los trabajadores y dueños del capital, la consecuencia es  que esos ingresos producto de los bienes y servicios ofertados generaran la demanda de los mismos

[1] 

Un primer análisis sobre la cuestión podría entender desde la especificidad de la macroeconomía, que esta ley tiene importancia solo desde la comprensión de la disputa entre políticas basadas en la oferta y políticas basadas en la demanda; las primeras promovidas por la ortodoxia económica hoy principalmente el neoliberalismo, y las segundas promovidas por la heterodoxia, hoy en cabeza del keynesianismo y sus diferentes vertientes. La discusión implícita seria si el estado interviene dándole dinero a los que producen y ofertan o a los que consumen y demandan.

La gran depresión fruto de la crisis de superproducción que siguió al crack de 1929 demostró cuan irreal podía ser una teoría en general y esta teoría en particular, no obstante, la ley de Say sigue vigente no solo en los ámbitos donde los economistas se consideran parte de lo que se ha dado en denominar ofertismo, sino también, en el ideario económico liberal-ortodoxo en general.

En nuestro país esta idea fundante de un sector particular que genera una forma muy peculiar de entender las relaciones sociales, se extendió mucho mas allá de los ámbitos de la economía formal a muchos campos directa e indirectamente relacionados con la ciencia económica.

En consecuencia nos proponemos mediante algunos ejemplos demostrar en que medida tenemos enquistado un pensamiento ofertista que nos impide como sociedad realizar una aceptable y de eficiencia progresiva gestión de los recursos de los que disponemos para alcanzar grados crecientes de equidad y desarrollo.

Si pensamos por ejemplo en el sistema educativo, los dos niveles en condiciones de generar y perfeccionar adultos en condiciones de insertarse en el mercado laboral, la educación media (sea común, técnica o agro-técnica) y la educación superior (terciaria o universitaria), gradúa profesionales que quedan disponibles para ser contratados por el mercado; resulta evidente que como sociedad lo que hacemos es ofrecerle al “mercado”, profesionales en condiciones de ser ocupados.

A su vez, si pensamos el sistema de financiamiento para la producción e inversión en equipamiento productivo, los diferentes entes estatales y privados (el ministerio de industria, producción o equivalentes, bancos privados y estatales) ofrecen diferentes líneas de crédito para que cualquier persona física o jurídica en condiciones de invertir o necesitada de fondos con cualquier destino productivo lo pueda solicitar. Otra vez, se evidencia que el criterio rector es la oferta de fondos.

Es interesante mencionar las líneas de financiamiento para investigación, desarrollo tecnológico e innovación que diferentes entidades tanto publicas como privadas también ponen a disposición del aparato científico y tecnológico sea publico o privado para su uso, en centros de investigación, Universidades o empresas. El criterio nuevamente vuelve a ser la oferta de líneas de financiamiento.

Pero esto también lo podemos trasladar a la idea de la enseñanza de oficios (peluqueros, electricistas, gasistas, plomeros, reparador de pc, instalador de aire acondicionado, etc, etc) como forma de darle herramientas a personas desempleadas con bajo nivel formativo para que puedan directa o indirectamente ofrecer un servicio basado en un oficio; otra vez, el criterio rector es la oferta

El ofertismo no es un problema en si, lo problemático radica en que nuestra sociedad por idiosincrasia, cultura, formación, etc no dispone hoy de la capacidad para gestionar y absorber los recursos disponibles (profesionales, financiamiento, equipamiento, etc) en pos de alcanzar niveles crecientes de desarrollo social.

Por desgracia, tenemos infinidad de casos de profesionales universitarios realizando tareas para las cuales están sobre calificados o sub calificados, o inclusive técnicos y agro-técnicos cumpliendo funciones administrativas u operativas sencillas también estando sobre calificados o sub calificados. Ni hablar de los que permanecen desempleados o directamente emigrar por falta de oportunidades en periodos específicos de crisis económica o ajuste fiscal.

De igual forma, no todos los créditos productivos o para promoción de la ciencia, la tecnología y la innovación se aprovechan, abundan los casos que no necesariamente con intencionalidad, implican considerables tasas de sub ejecuciones presupuestarias.

Esto se debe a dos cuestiones fundamentales que se fundamentan en la certera pero poco desarrollada idea de que el mercado se autorregula y encuentra puntos de equilibrio. Es que indefectiblemente el libremercadismo (laissez faire, laissez passer=dejar hacer, dejar pasar) es la semilla a partir de la cual el ofertismo crece, se desarrolla y claro esta, se va en vicio.

La primera es que el mercado se autorregula destruyendo empleo, riqueza, infraestructura, el medioambiente y por lo tanto proyectos de vida. La segunda es que el mercado puede encontrar nuevos puntos de equilibrio sub óptimos socialmente hablando. Es claro que la actual recesión fruto del aislamiento social obligatorio generó desempleo y cierre de comercios y empresas, el “mercado” puede encontrar un nuevo punto equilibrio en un nivel de desempleo de los factores de la producción superior al preexistente a la disminución de actividad fruto del covid-19.

Si observamos lo ocurrido en la década del 90 en nuestro país, o lo ocurrido en Grecia o España luego de la crisis de las hipotecas subprime del 2008, veremos que el mercado puede estabilizarse en un punto de equilibrio a partir del cual puede comenzar a funcionar la economía pero con elevados niveles de desempleo de los factores de la producción (tanto el factor humano como el capital).

En los cuatro casos descriptos lo ofertado no alcanza su propia demanda, muchos recursos no se utilizan y los recursos utilizados lo son en niveles sub-optimos.

Los problemas que conducen a que ello ocurra son diversos,  parafraseando a Rolando Garcia nos permitiremos decir que constituir un equipo multidisciplinario de investigación tanto como sostener día a día una empresa que produce en cualquier rama del agro o la industria, demanda además de la resolución de un conjunto de problemas complejos de orden metodológicos, conceptuales, financieros, operativos e institucionales, la resolución de un conjunto de problemas de orden logísticoque entrañan talvez, un nivel de dificultad igual o mas elevado que los anteriormente descriptos para la realización de la mera investigación o la mera producción de los bienes que produce la institución bajo análisis [2].

Entendemos como problema logístico en este punto, no a la dificultad simple que puede surgir en el desarrollo de alguna actividad logística particular en un rubro especifico, sino al complejo entramado de actividades logísticas[3]correspondiente a la combinación tanto de las genéticas como las de sostenimiento que permitirían el abordaje de alguna problemática social y/o nacional compleja.

¿Esto quiere decir que como sociedad debemos dejar de formar profesionales o que el estado debe dejar de ofrecer líneas de financiamiento para producción, equipamiento o investigación?.

No, en absoluto, simplemente pretendemos evidenciar mediante estos planteos que tenemos un área de vacancia formativa relacionada con la formación de vinculadores< en tanto profesionales en condiciones de gestionar el encuentro entre oferta y demanda de recursos de todo tipo (financieros, humanos, infraestructurales, naturales, equipo para la producción, territoriales, conocimiento, etc) para la satisfacción de una Necesidad Social y/o Nacional.

Es mas, por demanda no entendemos solo la existencia de un homoeconomicus en carácter de consumidor o cliente que goza de información perfecta y vaga por ahí buscando el mejor precio para sus galletitas preferidas.

Hablamos también de necesidades sociales complejas insatisfechas como el acceso a energía económica o agua potable, la provisión de una tecnología para calefacción económica y sus insumos en un barrio marginal de la Patagonia, o la vacuna contra el dengue.

Son necesidades existentes, latentes, pero que no parecen estar presentes en la vida cotidiana de la “gente” ni en las preocupaciones de los medios masivos. Son necesidades mas bien silenciosas, que cabe la obligación al estado de tomarlas como propias y subsanarlas.

Hablamos también de redistribución espacial de la población y poblamiento territorial en áreas que pensando en términos geoestratégicos son muy importantes. Existe un Interés Nacional que es imperativo atender y para cuya atención tenemos la gran mayoría de los recursos necesarios.

Es claro que el mercado no resuelve (y no tendría porque hacerlo) las cuestiones relacionadas con el encuentro de oferta y demanda de recursos en ámbitos en los que no esta en juego la obtención de lucro.El error esta en pensar que si.

Lo planteamos claramente en otro articulo, en una situación de excepción y en otras que no lo sean tanto, el mercado no ordena la solidaridad, no identifica prioridades sociales, no gestiona recursos no rentables, no ayuda al que lo necesita[4], no realiza geopolítica y menos aun claro esta, no identifica ni ordena los recursos disponibles para ponerlos al servicio del Interés Nacional.

En consecuencia, se vuelve imperativo avanzar en la tarea de formar un tipo de profesional al que llamaremos vinculador tecno-productivo>[5]cuya función es entender las demandas y necesidades Sociales de Desarrollo y Nacionales, identificar recursos (financieros, humanos, infraestructurales, naturales, equipo para la producción, territoriales, conocimiento, etc) disponibles, y trabajar en su vinculación para generar un Beneficio Social y la concreción del Interés Nacional. vinculador tecno-productivo tiene un elevado nivel de pericia en la comprensión de la ciencia logística[6]y sus posibilidades, y, a partir de ella, vuelve posible lo que hoy ni avizoramos.

 

[1]LO VUOLO, Rubén. Distribución y crecimiento una controversia persistente, Buenos Aires, CIEPP, 2009, p.48.

[2]GARCÍA, Rolando. Sistemas complejos. Barcelona, Gedisa editorial, 2006, p.69.

[3]FRATTINI, Facundo. DE LA LOGÍSTICA, Tres de Febrero, Imaginante editorial, 2019, p.59.

[4]Documento web: https://integracionydesarrollo.ar/logistica/, recuperado el 17-05-2020.

[5]Se desarrollará en un futuro artículo la noción y la función del vinculador tecno productivo.

[6]FRATTINI, Facundo. DE LA LOGÍSTICA, Tres de Febrero, Imaginante editorial, 2019, p.91

 
 
 
Facundo Frattini

Del viejo y nuevo problema de los precios y la especulación en la Republica Argentina.

Domingo, 26 de abril 2020

Introducción

Asistimos con más frecuencia de la que nos gustaría a problemas relacionados con el nivel de precios y la especulación en la Republica Argentina. A menudo el precio de algún producto o el de varios, se dispara elevando su nivel sin razón aparente. Luego los diferentes lobbys sectoriales se encargan mediaticamente de arriesgar explicaciones non sanctas para la interpretación del proceso. Es mucho lo que se ha escrito desde todo el arco ideológico sobre los motivos y orígenes de estos sucesos.

Sobre los fundamentos que esbozan las vertientes ortodoxas de la ciencia económica tenemos nuestros reparos en tanto muchos de los supuestos de su análisis no se cumplen; agentes económicos con información perfecta, inexistencia de oligopolios, monopolios, oligopsonios y monopsonios, y todo lo que se puede incluir en el ceteris paribus[1] del que abusan sin vergüenza alguna.

Desde este espacio entendemos que la inflación y los procesos de aumento generalizado de los precios tienen como origen los siguientes sucesos:

1.- Existencia de monopolios, oligopolios, monopsonios y oligopsonios que generan posiciones dominantes en las cadenas de suministros.

2.- Puja distributiva en periodos de crecimiento.

3.- Inflación cambiaria en momentos de devaluación.

4.- Presión de la oligarquía por aumentar la renta de la tierra.

5.- Presión de la renta de la propiedad en todos los eslabones de todas las cadenas.

6.- Exceso de especulación de diferentes actores que impacta en los cinco puntos anteriores.

7.- Exceso de formación ortodoxa de las elites que induce a cometer errores en la toma de decisiones de política económica….

Durante el periodo 2003-2015 que incluye amplios periodos de crecimiento económico sostenido, creación de empleo y distribución progresiva de la riqueza, y, en un marco de puja distributiva intensa, la inflación se mantuvo elevada pero controlada, salvo excepciones en un rango de entre un 25% y un 35% anual, con valores de un digito los primeros años.

Esa inflación sostenida y elevada pero estabilizada en muy pocos casos produjo una reducción del poder adquisitivo del salario y de los ingresos de los pasivos, y esto fue, debido a las paritarias libres, aumentos por decreto y luego a la ley de movilidad jubilatoria.

En consecuencia, la inflación trajo aparejados diversos problemas pero no fue uno de estos, un deterioro en las condiciones de vida de la mayoría del Pueblo Argentino.

En gran medida, en gran parte de dicho periodo, los precios se mantuvieron a raya por la gestión al frente de la secretaria de comercio interior de Guillermo Moreno, un funcionario que por sus métodos, devoción al trabajo y resultados obtenidos, fue admirado y criticado por propios y ajenos; llegando a ser elogiado por funcionarios del gobierno de Mauricio Macri, opositor a su gestión (la de Moreno),  por los resultados alcanzados que estos últimos (los funcionarios macristas), no podían alcanzar.

Pero entendemos que con Guillermo Moreno no alcanza…..Y con más de un Guillermo Moreno tampoco.

Entendemos que dejarle vía libre para especular a los avaros, egoístas e insolidarios que, como esta evidenciándose en la actualidad, están dispuestos a especular con el alcohol y los alimentos en medio de una pandemia, y luego, poner funcionarios de mayor o menor calibre a controlarlos es elegir perder la disputa por el bienestar social de antemano.

Creemos que al igual que como en algunos temas de seguridad y defensa la solución real y efectiva a estos problemas pasa por la disuasión, y la disuasión se genera construyendo redes y herramientas que permitan a los especuladores avizorar de antemano el riesgo y el costo a pagar si sus jugadas les salen mal, y garantizando que ese resultado sea el mas probable.

Un ejemplo del pasado reciente

Allá por fines de marzo, principios de abril del 2012 hubo un problema con el precio de la yerba mate, producto que previo desabastecimiento en los diferentes puntos de comercialización mayorista y minorista sufrió un aumento del precio de unos $12 a $24 aprox[2].

Para que esto ocurra la falta de oferta o desabastecimiento previo fue fundamental; uno o varios eslabones de las cadenas de comercialización deciden retraer la oferta, y al ser mas elevada la demanda que la disponibilidad de productos los precios suben por agotamiento de los stocks.

Quienes tienen stock del producto, en este caso la yerba mate y no son parte de la movida especulativa, dejan de ofertar lo que tienen pues prevén que el precio de reposición será mayor y esperan a que este se estabilice, contribuyendo mediante ese mecanismo de autoprotección a profundizar el proceso de desabastecimiento y por ende de aumento de precios con el correspondiente descontento social.

Se suma a esto el pánico que generan ciertos medios masivos poniendo el broche de oro a lo que en Argentina conocemos como una corrida. Normalmente lo asociamos a la cuestión cambiaria, pero el fenómeno es el mismo, escasez de oferta, pánico inducido, aumento de la demanda, desabastecimiento, aumento de precio, descontento social, consolidación de un nuevo precio bastante mas elevado; Esto ocurre indefectiblemente tanto con el dólar, como con  la nafta, la yerba o el tomate.

Este fenómeno de la yerba duro poco más de un mes y el precio se estabilizo en torno a los $20, casi el doble del que tenia al inicio de la corrida.

La yerba es un producto de ciclo largo, lleva mas de un año producirla y tenerla disponible para su venta. Se siembra, se cosecha, se seca, se fermenta, se estaciona, se muele, se fracciona mayorista, se envasa minorista y se distribuye.

Es claro que sin mediar una catástrofe natural del tipo inundación de los campos productivos o sequías, que merme considerablemente el rendimiento del ciclo productivo, y, habiéndose regularizado la oferta en poco mas de un mes, la yerba nunca falto en términos reales en las cadenas de suministros, simplemente se retuvo la oferta en alguno de sus eslabones.

Es sabido que salvo rarísimas excepciones los trabajadores de la producción-recolección, los productores y los consumidores son, los que siempre pierden en estos juegos ¿del faltante?.

Fue sabido con posterioridad que en algunos barrios del conurbano algunos corredores al tanto de la movida y no sabiéndose muy bien si para favorecer a algún comerciante al que le tienen estima o para potenciar el proceso, les decían a los negocios minoristas que saquen la yerba del estante porque iba a faltar e iba a aumentar el precio.

Un funcionario honesto, probo, responsable, incorruptible y comprometido con su función, puede encontrar los mecanismos legales coercitivos para evitar que las grandes cadenas de supermercados o las distribuidoras mayoristas sostengan la oferta, e, inclusive, puede penalizarlos para que tengan un costo por sus jugadas.

Pero no puede hacer nada para garantizar que no se opere una movida de desabastecimiento como la descripta en toda o en parte de la red de pequeños comercios de proximidad del conurbano Bonaerense o de cualquier provincia. Tampoco puede hacer nada con la paranoia social que se genera vía medios masivos de comunicacion y que, contribuye, mediante un aumento descomunal e innecesario de la demanda, a la falta de producto y el consecuente aumento de precios.

De la naturaleza de la especulación

Debemos tener claro algo, la especulación sirve como negocio para hacer una diferencia si se resuelve en tiempos cortos a favor del especulador.

Para el caso de la yerba, si somos el propietario de un mercadito de barrio que tiene paquetes de yerba en stock que pago $9 y vende a $12, y lo retiro de la venta esperando que el precio llegue a $20; Esto redundará en un beneficio si se resuelve rápidamente, pues, si el proceso se demora tres meses o mas, y la ganancia no realizada de mi venta mensual excede el beneficio que me genera especular con el aumento del precio, es posible que el beneficio de especular con el desabastecimiento no sea tan tentador.

Recordemos que el negocio de todo comerciante es vender, no especular con el precio de un bien aunque circunstancialmente le sirva para hacer una diferencia.

Debemos considerar también que las cadenas de comercialización en general están compuestas por cinco eslabones producción, elaboración, distribución mayorista, distribución minorista y cliente. Las cuatro primeras en un contexto especulativo pueden verse tentadas de ser parte para sacar algún rédito, y, en ellas puede haber eslabones con mucho peso y mucha espalda capaces de impulsar y sostener el proceso de desabastecimiento. Pero debemos saber también, que cuanto mas pequeños sean estos eslabones mayor será el riesgo que entrañen las jugadas de este tipo.

 

 

Es necesario un cambio cultural

Entendemos desde el CEPIDRA que hacen falta dos cambios importantes para que estos procesos especulativos dejen de ocurrir o por lo menos no se den con la frecuencia e intensidad con la que vienen ocurriendo en los últimos setenta años. Uno es un cambio en el rol y el abordaje que el estado hace de estas cuestiones[3]. El otro es un cambio cultural en la mayoría del Pueblo Argentino.

Ese cambio cultural implica asumir que como consumidores tenemos bastante poder, mas del que creemos, y ese poder que tenemos en tanto consumidores y ciudadanos debemos ejercerlo en tres posible ejes de acción.

1.- Direccionar nuestro poder de compra.

2.- Constituir cooperativas de consumo.

3.- Producir algo en la medida de nuestras posibilidades.

Es claro que en tanto cambio cultural llevar adelante las acciones descriptas en los tres ejes de acción mencionados nos demandará un esfuerzo extra para el que no estamos formados ni acostumbrados. Pero el resultado no es otro que lograr un beneficio personal y colectivo en el poder adquisitivo de nuestro ingreso y en el de muchos de nuestros compatriotas.

Respecto del primer eje.

1.- Usar una parte de nuestro exceso de poder adquisitivo o capacidad de ahorro en función de nuestras posibilidades, para tener un stock hogareño de productos para mas de un mes de consumo. Si usamos una botella de 1,5 lts de aceite por mes, tener 1 en uso y 2 en stock; si usamos 2 paquetes de 1kg de yerba por mes, tener 1 en uso y 3  en stock; si usamos 3 paquetes de azúcar por mes, tener 1 en uso y 6 o 7 en stock, etc. El stock de los productos no perecederos que debiéramos tener irá cambiando en función de nuestros hábitos de consumo pero no debería demandarnos a precios de hoy una inversión de más de $5000 incluyendo en esto, algunos productos de limpieza.

Debe notarse que $5000 es dos tercios de un medio aguinaldo de una jubilación minima; puede ser visto también, como una actualización bianual menos de un celular que aun funciona o la supresión de un sin fin de gastos innecesarios que posiblemente la mayoría de las familias posiblemente tienen y no se percatan (tabaco, alcohol, gaseosas, etc).

Si para que muchos tengamos que ir a comprar un producto desabastecido a un 50 o 100% mas de su precio, un especulador tiene que esperar 1 o 2 meses porque no tenemos la necesidad del producto en cuestión, deja de ser tentador desabastecer para especular, e inclusive puede implicar un riesgo o directamente una perdida.

Es claro que no todos los actores sociales disponen hoy o en todo momento de esos recursos disponibles, pero la idea es que lo hagan quienes puedan, e inclusive quienes puedan stockear de mas, pueden luego abastecer a precios razonables a sus amigos o vecinos dificultando aun mas la capacidad de especulación.

1.b.- Es necesario también que evaluemos bien la posibilidad de comprar productos cuyo origen es la producción popular. Esto implica consumir alimentos cuyo origen no son las grandes fábricas ni nos llegan por las grandes cadenas. Para empezar dulces, frutas, conservas, verduras, hortalizas, legumbres, panificados y confituras hoy se consiguen en mayor o menor medida en diferentes puntos de venta que no son los grandes anteriormente mencionados, y, un aumento de la demanda de esos productos, tenderá a generar un aumento de la oferta de los mismos.

Es posible que los precios de esos productos no sean los más económicos, pero su compra tiene dos beneficios. Tiende a disminuir el poder oligopólico y oligopsonico de las grandes cadenas de producción-comercialización así como su beneficio. Y mayoritariamente el origen de estos productos es orgánico por lo cual ganaríamos en calidad en nuestra alimentación.

2.- Constituir cooperativas de consumo para compra, almacenamiento y distribución de perecederos y/o no perecederos va en la misma línea. La constitución de capitales iniciales bajos pero que permitan comprar directo del productor también genera beneficios. Diversifica los puntos de almacenamiento, elimina intermediarios en el proceso de distribución, etc. Si por poner un ejemplo en avellaneda hubiera 50 cooperativas de consumo de 30 integrantes que aportaran inicialmente $500 cada uno, hablaríamos de solo 1500 personas y de un capital de $750.000. Ese capital a su vez es mercadería por ese valor que puede abastecer por fuera de las cadenas tradicionales. De más esta decir que esas cooperativas podrían constituir una federación de cooperativas, y negociar en conjunto para obtener mejores precios.

Seria muy útil que el poder de compra de esas cooperativas se oriente a la compra de productos cuyo origen también sea como se menciono anteriormente la producción popular, estabilizando la demanda a esos sectores productivos y garantizando de ese modo menores niveles de incertidumbre lo que debería redundar en menores niveles de precios.

Es interesante notar que un aumento en el nivel de actividad del eslabón productivo de la producción popular va en desmedro del nivel de actividad en los eslabones de intermediación.

3.- Si podríamos en forma particular producir alimento de diferente tipo seria muy interesante porque o bien ampliaríamos la oferta o bajaríamos la demanda en los canales tradicionales. Producir hortalizas en un huerto urbano, frutas mediante la plantación de frutales, producir mermeladas, dulces, conservas, panificados, etc, iríamos también en ese sentido.

Como puede observarse, esta en nuestras manos contribuir al desarrollo de soluciones que aunque resulten parciales redundan en diversos beneficios para la sociedad en general.

No esta demás recalcar que todas las acciones propuestas demandan un esfuerzo extra para el cual no estamos ni formados ni acostumbrados. Pero ese esfuerzo extra es asimilable al esfuerzo de realizar un trabajo a cambio de un salario del cual, una parte, la perderemos pagando precios excesivos por productos de dudosa calidad en un mercado de oferta acotada.

En estos tiempos que corren, de pandemias y otras calamidades, comienza a ser necesario ir constituyendo otro tipo de redes que ayuden a la contención y diversificación de la provisión y el consumo de bienes y servicios esenciales, principalmente alimentos.

[1] Frase de origen latín cuyo significado es que todas las demás cosas (que no son las variables que  incluimos nuestro análisis), permanecen constantes.

[2] Documento web: https://www.lanacion.com.ar/economia/se-agrava-la-falta-de-yerba-y-ya-cuesta-casi-como-en-barcelona-nid1462936, recuperado el 11-04-2020.

[3] Este cambio en el rol del estado será abordado en otro artículo.


Facundo Frattini